mié
07
dic
2011
Los documentos de voluntades anticipadas, principal fuente de conflictos éticos en la práctica clínica
La previsión es un factor clave para preservar la salud y curar la enfermedad. Así, cuando el saber médico era muy elemental, la enfermedad era tenida por un acontecimiento fortuito, y la acción
médica tenía entonces un carácter esporádico. En la actualidad, hay muchas técnicas que permiten la prolongación de la vida, aunque en condiciones que pocos seres humanos desearían para sí
mismos. Sin embargo, lo peor de todo es que muchas veces hay que aplicar dichas técnicas en situaciones en las que los propios interesados carecen de capacidad para decidir. De ahí la creciente
importancia que está adquiriendo la expresión previa de las voluntades por parte de los pacientes.
Con el objetivo de gestionar todas aquellas situaciones que se puedan derivar de aquí, la Fundación de Ciencias de la Salud y la Fundación para la Formación de la Organización Médica Colegial
(FFOMC) han editado su quinta Guía de Ética en la Práctica Médica, que trata en esta ocasión de la “Planificación anticipada de la asistencia médica”. De lo que se trata es de “identificar los
conflictos de valores que se dan en ese ámbito y el modo de resolverlos, buscando las soluciones más razonables y prudentes”, ha explicado el profesor Diego Gracia, presidente de la Fundación de
Ciencias de la Salud, durante su intervención en el seminario-debate celebrado en la sede del Colegio de Médicos de Badajoz.
La guía parte del análisis de casos paradigmáticos, cada uno de ellos con una solución concreta, y el método propuesto es el de la deliberación, tan antiguo como la propia ética. El objetivo es
la toma de decisiones prudentes o razonables. “No se trata de que todo el mundo adopte la misma decisión ante un caso concreto, sino que todos lleguen a decisiones prudentes”, explica el profesor
Gracia. En este contexto, “la planificación anticipada de la atención es una consecuencia lógica del nuevo estilo de relación clínica y, antes que todo esto, se trata de una cuestión ética”.
Consiste en que los profesionales sanitarios prevean las situaciones futuras y tomen decisiones sobre cómo proceder ante sucesos que puedan acaecer. Sin embargo, “en medicina ha sido más
frecuente la improvisación que la planificación”, añade.
El consentimiento informado es el primer paso en la planificación de la asistencia. “Sería un proceso comunicativo entre los profesionales clínicos y el paciente para que éste, capaz y
debidamente informado, pueda decidir de forma libre y voluntaria sobre una actuación referida a su cuerpo o su salud”, explica el experto. “Hoy es evidente que las decisiones en general, y las
médicas en particular, no pueden tomarse sólo con hechos, sino que han de incluir valores, lo cual obliga a la exploración de este aspecto por parte de los profesionales sanitarios, que es una
gran asignatura pendiente de la medicina”. Las legislaciones exigen además que de esto quede constancia escrita a través de la cumplimentación de unos documentos específicos.








