Por Dña. Zulema Matías Martín, miembro de Saluspot y especialista en podología.

En muchas ocasiones podemos notar nuestros pies agotados y doloridos, en respuesta a malos hábitos o exceso de presión o a la propia estructura que adoptan. La metatarsalgia constituye una de las formas de dolor plantar más comunes, ya que está directamente relacionada con la forma en que nuestros pies despegan del suelo.

Se localiza en la región anterior de la extremidad, donde los dedos se unen al resto del pie, y afecta a las cabezas de los huesos metatarsianos, que nacen en el medio pie y sobre los que nos apoyamos al caminar. Algunas malformaciones o lesiones de diversa raíz serán las que provoquen esta afección.

Lo más común es que se esté produciendo un exceso de presión en la zona, lo que puede ser debido a una mala distribución de las cargas que debe soportar el pie. Por esta misma razón pueden aparecer callosidades o hiperqueratosis (engrosamiento de la capa externa de la piel) o inflamación en la planta del pie.

También puede manifestarse la metatarsalgia a consecuencia de la aparición previa de un juanete, o porque los dedos no hacen correctamente su función de soporte. Esto es lo que ocurre con el llamado hallux valgus, que se produce cuando el primer dedo no recibe la carga que debería, al apoyar de manera incorrecta. Esta presión se transfiere al resto de los dedos, dando lugar a una sobrecarga que provoca dolor.

Algo muy parecido ocurre con los dedos en garra, al adoptar esa complexión no reciben de un modo adecuado las presiones que llegan a los pies, y estas empiezan a incidir directamente sobre los metatarsianos.

Cada pie tiene una constitución propia muy particular. Algunos factores que pueden influir en la aparición de metatarsalgia son el pie cavo o equino, o en el caso de que los propios huesos metatarsianos no cuenten con la longitud apropiada.

Esta afección incide con mayor frecuencia en mujeres que en hombres, sobre todo por el uso de un calzado más inadecuado en ocasiones para la salud de nuestros pies. Un calzado estrecho, que oprima el pie o con tacón favorece la aparición de la metatarsalgia, entre otras molestias en nuestros pies, así como el sobrepeso o la obesidad.

Del mismo modo, los deportistas son más susceptibles a esta dolencia, además de otros problemas en la planta del pie. En carrera, al despegar el pie este se apoya directamente sobre los metatarsianos, principalmente sobre los dos primeros, estando expuestos, por lo tanto a multitud de impactos durante el entrenamiento.

Para tratar la metatarsalgia es necesario que el podólogo evalúe no solo esa zona, sino el pie en su conjunto y su desarrollo biomecánico, a fin de encontrar la raíz de esos dolores, poniendo un remedio o tratamiento en cada caso, dependiendo del cuadro particular.

Entre ellos, se examinarán el tendón de Aquiles, los tobillos, la forma de apoyo y la morfología de los dedos. Las plantillas a medida serán un complemento indispensable para equilibrar las presiones de la marcha. En caso de ser necesario se podrá indicar también un tratamiento con fisioterapia.

Es aconsejable utilizar un calzado cómodo, preferiblemente de punta cuadrada o ancha en cualquier caso, y que tenga una suela que amortigüe bien los impactos, y consultar a un especialista para que no llegue a desarrollar más complicaciones.