La depresión es el trastorno psiquiátrico más habitual en personas mayores de 65 años, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Sin embargo, “esta enfermedad resulta de difícil diagnóstico porque sus síntomas pueden confundirse con el propio envejecimiento y, por ello, existe un mayor riesgo de que no se aplique un tratamiento específico”, explica David Curto, jefe de Gestión Asistencial de Sanitas Mayores.

La Organización Mundial de la Salud define la depresión como una enfermedad que se caracteriza por una tristeza persistente y por la pérdida de interés en las actividades con las que normalmente se disfruta, así como por la incapacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas, durante al menos dos semanas, estos son rasgos también reconocibles en un proceso natural de envejecimiento. “Síntomas tan comunes como la fatiga, la falta de apetito o los problemas para dormir, también pueden ser parte del proceso de envejecimiento o de un padecimiento físico. Por lo tanto, la depresión temprana puede ser ignorada o confundida con otras afecciones que son comunes en los adultos mayores”, explica el doctor Curto.

Las causas de depresión en personas mayores pueden ser endógenas o también externas. Entre las primeras, se encuentran enfermedades como la diabetes, el dolor crónico, la hipertensión, las cardiopatías, el Parkinson o el ictus, o demencias como el Alzheimer. En concreto, “el deterioro cognitivo, que suele ser frecuente en las personas mayores, influye de manera determinante en el proceso diagnóstico al entorpecer la obtención de información”, añade Curto.

Por otro lado, las causas externas se relacionan con trastornos de adaptación a circunstancias tan habituales como la jubilación, el duelo por la muerte de seres queridos, la dependencia funcional y las institucionalizaciones o cambios de residencia.

El cuidador, pieza clave en la prevención de la depresión
El cuidador tiene un papel fundamental en la prevención de la depresión. “Los familiares o profesionales de los centros de día o residencias que se encargan del cuidado diario de los mayores tienen una labor importante a la hora de detectar los primeros síntomas o en explicar al médico los problemas que el enfermo no expresa”, comenta el doctor de Sanitas Mayores, David Curto.

Otras labores de prevención que puede realizar el cuidador son controlar la alimentación, ayudarle en la adaptación a los cambios, respetar las preferencias individuales de la persona, animarle con las relaciones sociales, alentarle para realizar ejercicio o fomentar que mantenga el contacto con sus familiares, en caso de que se encuentre ingresado en una residencia.

El tratamiento de la depresión debe tener un enfoque integral
“La depresión siempre debe tratarse con un enfoque integral, es decir, en todas las esferas de la vida de la persona, tanto psíquica, como física y la social”, explica el doctor Curto.

Según el experto, los primeros pasos necesarios para el inicio de un tratamiento de depresión son los siguientes:

  • Tratar cualquier situación o enfermedad que pueda estar causando los síntomas.
  • Suspender cualquier medicamento que pueda estar empeorando los síntomas. En muchas ocasiones, los adultos mayores pueden sufrir dos o más trastornos o enfermedades a la vez, por lo que están polimedicados. Y esa polimedicación puede provocar reacciones adversas que causen síntomas depresivos.
  • Evitar el alcohol y los somníferos. La depresión neurológica que produce esta combinación puede ser malinterpretada como síntomas depresivos.
  • En ocasiones, se puede usar la psicoterapia para ayudar a los mayores a sobrellevar la situación que le provoca el malestar.
  • En otras situaciones, si estas medidas no sirven, se puede combinar los antidepresivos con la psicoterapia.