Kālida Sant Pau es un caso especial porque, desde el primer día, los voluntarios no solo han tenido un papel relevante en la ejecución del proyecto sino que han sido el motor y el origen del mismo.

Kālida es una iniciativa impulsada íntegramente por la sociedad civil, concretamente por un grupo de personas con un mismo anhelo: crear un espacio a pocos metros de los Servicios de Oncología en el que los enfermos de cáncer pudieran resolver sus necesidades, sociales y emocionales, de forma abierta y gratuita. Un modelo innovador, basado en la experiencia de los centros Maggie’s, que complementaría los tratamientos médicos de los hospitales.

Un ejemplo de entusiasmo y humanidad que confirma que el voluntariado consolida la cohesión social y la satisfacción de promover acciones solidarias.

“Siento serenidad al haber participado en un objetivo colectivo. Todo el equipo voluntario es el catalizador de la energía de Kālida. Aprendí, disfruté, sufrí, acogí… Nos nutrimos y trascendimos a un proyecto de todos y para todos”, explica Mònica Sans, psicóloga y experta en marketing, vinculada al proyecto desde 2007.

El primer grupo de voluntarios

Han pasado 10 años desde que un grupo de personas, entre ellas Mònica Sans, Piluca Peris, Tomás Ragué y Marc Tintoré, -impulsado por Rosy Williams, quien conoció personalmente el servicio de Maggie’s en el Reino Unido- advirtieron  la necesidad de crear en Barcelona un espacio similar de referencia.

En esta primera etapa, los integrantes –que, de alguna manera, habían vivido de cerca los efectos físicos o emocionales del cáncer–, trabajaron buscando soluciones y estableciendo las bases de un proyecto local.

“Formar parte del equipo impulsor de Kālida representa infinidad de vivencias, emociones, ilusiones y gratitud”, comenta Piluca Peris, life coach de profesión, al pie del cañón durante los diez años de la génesis de Kālida. “Lograr contagiar nuestro amor por el proyecto y reclutar nuevos aliados, o cada pequeño reto conseguido es un triunfo de todo el equipo; de los que llegaron y se quedaron. De los que aparecían y desaparecían, siempre con una sonrisa. De los que dejaron su esencia y siempre estarán con nosotros, como Joana. El sueño que un día compartimos, pronto abrirá sus puertas”.

Será en julio de 2018, cuando está prevista su inauguración. Mientras, los primeros talleres y grupos de apoyo están en marcha y el edificio crece… “Como arquitecto -afirma Marc Tintoré– utilizar la arquitectura para facilitar el encuentro entre personas con cáncer, desde una perspectiva abierta y no hospitalaria, es clave”. Un minuto después de conocer el proyecto “me ofrecía incondicionalmente para aportar mis conocimientos y mi propia experiencia con el cáncer”, recuerda.

Si hoy es martes, toca sopa 

Las reuniones de los voluntarios se hacían cada martes en torno a una sopa “un plato que detesto”, reconoce Marc con simpatía, pero de esa ambientación casera y familiar -así es Kālida- “surgió reflexión, proyectos, objetivos, recursos e ideas para afrontarlos”.

Un engranaje múltiple, activado a base de esfuerzo, ilusión y trabajo en equipo: “queríamos hacer realidad un monumento a la esperanza; un lugar que acogiera a las personas que se sienten solas ante la enfermedad”, confiesa el abogado Tomás Rague, vinculado a Kālida desde 2008 como asesor legal. “Implicarme en este proyecto generoso, pedagógico y didáctico, me ha permitido ser consciente de lo que es realmente importante en la vida, viajar a mi interior y entender que el respeto a uno mismo comienza con el cuidado de nuestro cuerpo y nuestra mente”, concluye.

Trabajar juntos por un objetivo colectivo

Este grupo embrionario extendió la idea entre su círculo de amigos y consiguió gue que se unieran al equipo profesionales de prestigio, entre otros, Germán Castejón actual presidente de la Fundación Kālida, con el que el proyecto recibió un importante impulso en todas sus áreas y la arquitecta Benedetta Tagliabue, autora del diseño del centro.

Posteriormente, se involucran profesionales del Hospital de Sant Pau, como el Dr. Agustí Barnadas, director del Servei d’Oncologia Mèdica del hospital, o Jordi Bachs, director gerente de la Fundació Privada Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.

Más voluntarios para asumir los siguientes retos

Con la contribución desinteresada de numerosas personas, entidades, fundaciones, empresas y familias que empujan en una misma dirección pero, sobre todo, gracias a toda la comunidad médica y asistencial que cree en este proyecto desde su inicio, ha sido posible levantar un sueño como Kālida Sant Pau. “Una visión nueva al proceso oncológico: mirar a la persona y no al paciente”, comenta Germán Castejón. 

El pasado 6 de abril se colocó la primera piedra y no ha hecho más que empezar, Kālida necesitará la colaboración desinteresada de gente solidaria para poder avanzar en el desarrollo y sostenibilidad de la organización así como para incrementar el impacto social de su misión. En el futuro, Kālida y los nuevos centros que se inauguren, precisarán voluntarios para ayudar en la gestión diaria y  en las actividades de sensibilización y eventos de captación de fondos, de esta manera, los equipos de profesionales de atención al cáncer podrán centrarse en las personas que visitan los centros. Ahora y siempre, los voluntarios tienen un lugar destacado en la gran familia Kālida.