La alimentación constituye uno de los pilares terapéuticos más importantes durante la estancia de un paciente en el hospital. Una alimentación adecuada permite mejorar clínicamente a un enfermo y, en la mayoría de los casos, evitar la Desnutrición Relacionada con la Enfermedad (DRE), que se asocia a más complicaciones, estancias hospitalarias más prolongadas y a un mayor gasto sanitario. La prevalencia de la DRE en los hospitales españoles en el momento del ingreso es de casi 1 de cada 4 pacientes, por lo que tratar la desnutrición debe ser una prioridad, por encima de las recomendaciones dietéticas que un paciente pudiera necesitar en otros momentos de su vida o de los consejos preventivos que se realizan para la población sana.

 

Por todo esto, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) señala que alimentar correctamente a los enfermos hospitalizados constituye un reto para los servicios de cocina y las Unidades de Nutrición Clínica y Dietética de los hospitales. Por un lado, se debe asegurar la calidad nutricional de los menús propuestos, atendiendo a las alteraciones que las propias enfermedades y tratamientos aplicados producen; y por otro, es necesario conseguir alcanzar la máxima palatabilidad. “Es importante que aquello que debe tomar un paciente por una cuestión de salud o como medida terapéutica sea agradable al paladar, en unas circunstancias en las que comer es especialmente importante y, a la vez, difícil”, opinan desde la SEEN.

 

Códigos de dietas específicas

La Unidad de Nutrición Clínica y Dietética, parte muy importante de un Servicio de Endocrinología y Nutrición, elabora un código de dietas específico para el centro hospitalario. El tipo de población atendida según grupos de edad, aspectos culturales y religiosos, patologías atendidas en el centro, y recursos humanos y materiales del área hostelera del hospital, entre otras cuestiones, condicionan el tipo de alimentación que se prepara y distribuye en cada centro.

 

Las pautas alimentarias en los centros hospitalarios son, en ocasiones, muy estrictas y, aunque desde las sociedades científicas se estimula la posibilidad de liberalizar la dieta, es frecuente recibir quejas sobre la comida en los hospitales. La planificación del código de dietas de un hospital resulta ser una tarea precisa y laboriosa, capaz de integrar las recomendaciones alimentarias establecidas para situaciones de salud y de enfermedad en el ámbito de la restauración colectiva. Para cada paciente, la pauta de alimentación perseguirá mejorar la tolerancia digestiva y su aceptación para conseguir un mayor aprovechamiento de los nutrientes, evitando la desnutrición durante la estancia hospitalaria.

 

Así, en muchas ocasiones existen pacientes a los que se les indica una dieta específica en función de sus necesidades, ya sean problemas de deglución, cirugías gástricas, algunos tipos de cánceres, etc. En estos casos, la alimentación puede variar ajustándose a las prioridades terapéuticas del paciente. “Circunstancialmente, se pueden incluir alimentos, de forma excepcional, que no se incluirían cuando el paciente está sano, para facilitar la recuperación de la desnutrición durante su estancia hospitalaria”, explican desde la SEEN.

 

Por otra parte, aunque la prioridad es prevenir y tratar la desnutrición y sus complicaciones asociadas (infecciones, complicaciones postoperatorias, fallos orgánicos), debemos recordar que los profesionales sanitarios aprovechamos el ingreso hospitalario para educar en una alimentación saludable a nuestros enfermos, lo que redundará en beneficios de salud a largo plazo.

 

Además, en los casos necesarios, se facilita, en el momento del alta, información sobre la pauta de alimentación más adecuada a su enfermedad y circunstancias. Asimismo, en casos concretos con un mayor riesgo, el seguimiento y el tratamiento nutricional continúa en el área de Consultas Externas de Nutrición del Servicio de Endocrinología y Nutrición, después del alta.