Según el estudio Di@bet.es, el 44% de la población española que sufre diabetes es sedentaria, mientras que este porcentaje es 10 puntos menor entre las personas que no padecen esta enfermedad. El dato adquiere especial relevancia teniendo en cuenta la importancia del ejercicio para el control de la diabetes.

 

“La actividad física tiene un papel fundamental, pues no solamente contribuye a un mejor control glucémico, sino que se ha demostrado que las personas con diabetes físicamente activas padecen menos complicaciones que aquellas sedentarias”, sostiene el doctor Serafín Murillo, investigador del CIBERDEM-IDIBAPS, Hospital Clínic de Barcelona. De hecho, “el sedentarismo empeora el control de la diabetes, especialmente en la diabetes tipo 2, y se asocia a una mayor presencia de problemas cardiovasculares y a una mayor mortalidad”.

 

Los expertos coindicen en señalar que la base para un buen control de la diabetes es el equilibrio entre el estilo de vida -incluyendo el ejercicio regular y la alimentación saludable- y el tratamiento farmacológico.

 

El ejercicio requiere una correcta prescripción en caso de diabetes

 

De acuerdo con la Sociedad Americana de Diabetes, hay dos tipos de ejercicio que mejoran el control de la enfermedad: el ejercicio aeróbico y el entrenamiento de fuerza. Ambos ayudan a que el cuerpo use mejor la insulina y pueden mejorar los niveles de glucosa en sangre. Nadar, montar en bicicleta y correr son algunos deportes aeróbicos recomendados y hacer ejercicio con aparatos o bandas elásticas es aconsejable como entrenamiento de fuerza. Existen actividades que, si bien no son deportes, contribuyen a mantenerse activo como caminar o trabajar en el jardín, las cuales son un buen complemento al ejercicio físico

 

“Cualquier tipo de ejercicio es mejor que permanecer sedentario. No obstante, el ejercicio es un tratamiento más de la diabetes y, como tal, también puede presentar efectos secundarios. Para evitarlos es necesario realizar una correcta prescripción, teniendo en cuenta las características de cada persona”, opina Murillo.

 

Existen ciertos factores, como el tipo de diabetes, los años de evolución de la enfermedad o la presencia de obesidad, que influyen en la intensidad, la duración, la frecuencia y la clase de ejercicio que se recomendará. “No es mejor ni peor un tipo u otro de ejercicio, sino que en cada caso se debe buscar el que mejor se adapte al paciente”, subraya el investigador.

 

Sedentarismo y tipo de diabetes

 

“La falta de actividad física es uno de los principales factores desencadenantes de diabetes tipo 2 y, por tanto, es también uno de los mejores tratamientos”, afirma Murillo, que destaca que los pacientes con este tipo de diabetes consiguen importantes mejoras de los niveles de glucosa en sangre si realizan actividad física con regularidad durante más de 150 minutos semanales.

 

En el caso de la diabetes tipo 1, la respuesta es diferente. “A pesar de que la práctica de ejercicio aporta grandes beneficios, hasta el momento no se ha podido demostrar claramente que mejore los niveles de glucosa en sangre. Una de las razones es que, en las personas con diabetes tipo 1, una mayor práctica de ejercicio puede aumentar el número de episodios de hipoglucemia (bajada de azúcar)”, explica Murillo.

 

Las hipoglucemias se originan porque el ejercicio provoca un aumento del consumo muscular de glucosa que puede hacer que el azúcar en sangre baje si no se compensa con la reducción de la dosis de insulina o el aumento del consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono. Por ello, aquellos que padecen diabetes tipo 1 deben hacer una buena adecuación de su alimentación y dosis de insulina a la actividad física que desarrollan.

 

Evitar sobresaltos

Estos pacientes necesitan conocer cuál es la respuesta habitual de la glucosa en sangre a distintos tipos de actividad para evitar hipo o hiper glucemias. Cuando se hace ejercicio, el azúcar en sangre varía de acuerdo con: sus niveles antes de comenzar la actividad física, la intensidad y duración del ejercicio y los cambios que se han hecho en las dosis de insulina. Por esta razón, los médicos recomiendan monitorizar la glucosa en sangre antes, durante y después de la actividad física.

“Conocer los niveles de glucosa en sangre en relación con el ejercicio tiene numerosas ventajas: permite adaptar mejor las pautas de insulina y de alimentación al ejercicio, obtener experiencia para corregir errores o programar los cambios adecuados para nuevas situaciones o prácticas de ejercicio físico”, indica Murillo.

Control continuado y sin pinchazos

Hasta hace relativamente poco tiempo, la única forma de controlar la glucosa en sangre era pinchándose varias veces al día, generalmente en el dedo. Hoy en día, la tecnología permite gestionar mejor el control de los niveles de glucosa, de forma continuada sin tener que pincharse tantas veces como hace unos años.

La aparición de los sistemas de monitorización continua de glucosa, suponen un antes y un después en la calidad de vida de los pacientes, que pueden olvidarse casi de las agujas y estar mejor controlados.

El último avance en este sentido es el primer sensor implantable de glucosa lanzado recientemente por Roche Diabetes Care que permite medir el nivel de glucosa de forma continua durante 6 meses, 12 veces más que cualquier otro dispositivo disponible en Europa.

El nuevo sistema está formado por tres elementos interconectados: un sensor de glucosa, un transmisor inteligente y una aplicación móvil. El sensor es una pequeña cápsula, del tamaño de una píldora, que se implanta en la parte superior del brazo. Sobre el sensor se coloca el transmisor desde donde se envían los datos a una aplicación instalada en el smartphone del usuario que permite ver las lecturas en tiempo real.

Otra de sus características únicas es que el sensor y el transmisor no se encuentran conectados físicamente. El transmisor se adhiere a la superficie del brazo y se puede extraer en cualquier momento. Además, el transmisor tiene la capacidad de almacenar los valores registrados y proporcionar alertas vibratorias que el paciente puede notar en su brazo cuando los niveles de glucosa son demasiado altos o demasiado bajos.