Al entrar en la tercera edad, nos sumergimos en una serie de condicionantes que reducen nuestras capacidades físicas y motoras. En ocasiones, estos deterioros nos limitan en nuestra actividad física diaria llegando a producir situaciones de dependencia.

Un día como hoy la fisioterapia nos ofrece la oportunidad de mostrar el papel que jugamos, la contribución que realizamos para mantener a las personas con una buena calidad de vida, una labor diaria a la que nos enfrentamos para mantener a nuestro paciente en las mejores condiciones posibles .

Somos expertos del movimiento y del ejercicio terapéutico y sea cual sea el obstáculo, siempre buscamos la forma de cómo continuar con nuestro objetivo que es la movilidad.

Gracias al trabajo de todos los que nos dedicamos a la fisioterapia geriátrica, conseguimos que nuestros mayores sean personas activas, ayudamos a prevenir el dolor, los traumatismos, las enfermedades cardiovasculares… Es enriquecedor poder comprobar cómo gracias a nuestros programas de trabajo, nuestros residentes pueden mejorar su forma de caminar, su movilidad articular, ver cómo en ocasiones aumentan su autonomía, pero, lo más especial, es comprobar como crece esa sonrisa cuando se superan a ellos mismos y derriban sus propias barreras, y nosotros estamos ahí, junto a ellos, para compartir esa alegría.

No siempre es fácil, porque los caminos hacia la mejora son una labor constante y lenta. Y ahí es cuando nuestro tesón, nuestro amor a la profesión, y nuestros conocimientos siguen siempre una lucha hacia delante. Trabajo diario, labor incesante, en ocasiones difícil al vivir mano a mano el sentimiento del mayor. Pero, si una palabra lo define, es “enriquecedor”.

Gracias a todos los que compartimos esta profesión por haberla elegido, gracias por vuestra entrega, vuestro esfuerzo. Gracias no sólo por vuestros conocimientos, sino por el apoyo emocional que transmitís día a día. Es un orgullo poder ser los compañeros de batalla de nuestros mayores frente al paso de la vida.