Como parte del informe Care work and care jobs for the future of work (El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente), la Oficina de la OIT para España presenta un perfil específico sobre España, donde alerta que de no afrontar los déficits actuales en la prestación de servicios de cuidado y su calidad, se creará una grave e insostenible crisis del cuidado a nivel mundial y aumentarán más aún la desigualdad de género en el trabajo.

El trabajo de cuidados comprende dos tipos de actividades superpuestas: las actividades de cuidado directo, personal y relacional, como dar de comer a un bebé o cuidar de un familiar enfermo, y las actividades de cuidado indirecto, como cocinar y limpiar.

Si bien de aquí a 2030, se prevé que el número de beneficiarios de cuidados en España disminuya de los 10 millones actuales (7 millones de niños y niñas menores de 15 años y 3 millones de ancianos) a 8,8 millones (5,6 millones de niños y niñas menores de 15 años y 3,2 millones de ancianos). España se situará en el puesto 22 del ranking de países con mayores ratios de dependencia de cuidados de personas mayores del mundo, y el puesto 19 de los países de Europa y Asia Central con un 9,1 por ciento.

El cuidado no remunerado es “trabajo” pero permanece invisible, no reconocido y no se tiene en cuenta en la toma de decisiones

El grueso del trabajo de cuidados es no remunerado. A nivel mundial e se dedican 16.400 millones de horas al trabajo de cuidados no remunerado todos los días. Esto corresponde a 2000 millones de personas trabajando ocho horas al día sin recibir una remuneración a cambio.

En 2018, en España se emplearon 130 millones de horas diarias en trabajo de cuidados no remunerado. Esta cifra equivale a 16 millones de personas trabajando ocho horas al día sin percibir remuneración alguna. España es uno de los países de Europa y Asia Central donde se realiza la mayor parte del trabajo diario de cuidados no remunerado. Si estos servicios se valoraran sobre la base de un salario mínimo por hora, equivaldrían al 14,9 por ciento del PIB español. A nivel mundial representan el 9 por ciento del PIB, señala Manuela Tomei, Directora del Departamento de Condiciones de Trabajo e Igualdad de la OIT.

Las mujeres son las que realizan la gran mayoría del trabajo no remunerado de cuidados. En España, las mujeres realizan casi el 68 por ciento del tiempo total dedicado al trabajo de cuidados no remunerado. En España, la contribución de las mujeres al trabajo de cuidados no remunerado ha disminuido en los últimos 20 años a una velocidad anual de 2,1 minutos por día, mientras que la de los hombres han aumentado en 1,1 minutos por día al año. La tendencia en España es similar que en Italia, donde la contribución de las mujeres al trabajo de cuidados no remunerado ha disminuido en 2,1 minutos, mientras que la de los hombres ha aumentado en 1,2 minutos. A nivel mundial, entre 1997 y 2012 la brecha de género en el tiempo dedicado a la prestación de cuidados apenas ha disminuido en 7 minutos.

La desigual distribución del trabajo de cuidados no remunerado afecta negativamente las perspectivas de empleo de las mujeres. El informe constata el 25 por ciento de las mujeres españolas en edad laboral declararon que no estaban disponibles para el empleo o que no lo buscaban debido al trabajo de cuidados no remunerado (datos de 2018). Esta tasa es más alta que la observada en los países vecinos (13 por ciento en Portugal, 10 por ciento en Francia) y que la media en Europa y Asia Central (23 por ciento).

El trabajo de cuidados es una fuente importante de empleo en todo el mundo, especialmente para las mujeres, pero presenta grandes retos en términos de calidad

En España, 3,8 millones de personas se dedican al trabajo de cuidados remunerados, de las cuales 2,9 millones de mujeres y 936 mil hombres. Esto representa el 20,8 por ciento del empleo total o el 34,4 por ciento del empleo femenino.

La alta proporción de fuera de trabajo dedicada a los cuidados se explica parcialmente por el número de trabajadoras domésticas empleadas por los hogares (que corresponde al 6,5 por ciento del empleo total de mujeres).

Uno de los mayores retos del sector es un su baja remuneración con respecto a otros sectores. Por ejemplo, en el sector salud, las enfermeras y matronas constituyen el mayor grupo ocupacional entre los empleos sanitarios más feminizados en Europa. En España, sus salarios son bajos y suponen el 35 por ciento del de los médicos.

Los trabajadores y trabajadoras del cuidado personal –en su mayor parte a domicilio– se enfrentan también a unos bajos salarios y a unas condiciones de trabajo precarias, y suelen estar expuestos a prácticas discriminatorias.

Para alcanzar las metas de educación y salud de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y cerrar los déficits que hay de cuidados se estima que en España habría que alcanzar una inversión pública y privada de US$ 282 millones para 2030 (en 2015 fue de US$ 135 millones), es decir aumentar las inversiones a en un 109 por ciento con respecto a los niveles de 2015. La inversión en educación, salud y trabajo social corresponderá entonces a aproximadamente el 17,6 por ciento del PIB total proyectado en 2030, un aumento de 6,3 puntos porcentuales con respecto a 2015.

Ello permitiría crear un millón cien mil empleos adicionales en comparación con 2,79 millones de puestos de trabajo en los sectores de atención en 2015 (un aumento del 44,8 por ciento). Este potencial de creación de empleo estaría impulsado por un aumento de medio millón de empleos en salud y trabajo social y doscientos mil empleos en educación en comparación con los niveles de 2015, que a su vez generarían medio millón de empleos indirectos, señala Manuela Tomei

El informe presenta una serie de recomendaciones, Marco de las Cinco R para el Trabajo decente de cuidados, para avanzar en la vía óptima para la provisión de servicios de cuidados de calidad con trabajo decente son medidas en cinco áreas principales: políticas de cuidados, políticas macroeconómicas, políticas de protección social, políticas laborales y políticas migratorias y son: reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado; recompensar el trabajo de cuidado remunerados, promover más y trabajo decente para los cuidadores; y garantizar la representación de los cuidadores, el diálogo social y la negociación colectiva.

Debemos avanzar en medidas innovadoras que faciliten que los trabajadores y trabajadores de cuidados puedan ejercer plenamente sus derechos de representación, diálogo social y negociación colectiva. La posible ratificación del C.189 de la OIT sobre trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticas abriría una oportunidad para alcanzar esos derechos para las más de 600.000 empleadas que ahora no los tienen, señala Joaquín Nieto, Director de la Oficina de la OIT para España.

Resumen ejecutivo

Enviado por José Antonio Sierra