En los últimos años, los trastornos del sueño han adquirido importancia debido a la prevalencia de estas enfermedades. A pesar de que el Síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS) afecta a un 25% de la población adulta, tiende a ser infradiagnosticado y tratado de forma insuficiente. Con el objetivo de avanzar en el diagnóstico de estas patologías, la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica (Neumomadrid) ha celebrado el I Curso avanzado teórico-práctico en trastornos del sueño para establecer unas bases que ayuden a optimizar las estrategias terapéuticas.

 

“Aumentar el conocimiento de los profesionales puede ayudar a que los pacientes mejoren en calidad de vida, rendimiento escolar y profesional, así como disminuir el riesgo cardiovascular”, ha destacado la doctora Eva Arias, neumóloga del Hospital 12 de Octubre de Madrid y co-directora del curso, ya que “es frecuente que la sintomatología pase desapercibida al confundirse con falta de horas de descanso y estrés”, ha añadido.

 

Señales como la somnolencia excesiva durante el día, la roncopatía y la falta de concentración para desarrollar las tareas habituales ayudan a identificar si se padece SAHS. Los síntomas señalados se originan porque al obstruirse la cavidad respiratoria aumenta el esfuerzo respiratorio en cada bocanada. Esto se manifiesta como un ronquido fuerte seguido de un silencio en el que se deja de respirar, lo que se traduce en un sueño superficial y poco reparador. Cuando la obstrucción respiratoria no es total, sino parcial, se conoce como hipopnea.

 

Aunque los trastornos del sueño no se encuentran incluidos dentro del Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO), la doctora Arias opina que “deberían contemplarse en la legislación, teniendo en cuenta que su repercusión puede afectar a la integridad del paciente o de los que le rodean”. Para la neumóloga, los problemas relacionados con las listas de espera y de gestión se mejorarían si se incrementasen los recursos disponibles, así como el número de unidades de sueño.

 

El impacto de los ritmos circadianos en la salud

 

Los ritmos circadianos son oscilaciones biológicas que tienen una periodicidad rítmica de alrededor de 24 horas y actúan como reguladores de las horas de sueño y de vigilia. La melatonina es la hormona encargada de sincronizar nuestro reloj interno y nos protege de enfermedades inflamatorias y del envejecimiento. Estos ciclos responden a la luz y oscuridad, aunque también influye el ejercicio físico, la alimentación y el uso de las nuevas tecnologías.

 

De hecho, estas últimas inciden en el desarrollo de enfermedades del sueño: “La contaminación lumínica, el uso inapropiado de dispositivos móviles por la noche y la falta de regularización en los horarios de sueño pueden provocar alteraciones del ritmo circadiano”, ha subrayado la doctora Mª Fernanda Troncoso Acevedo, neumóloga del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid y co-directora del curso.

 

Según la especialista, “el desarrollo de las sociedades nos lleva a la privación crónica de sueño”. Al usar aparatos tecnológicos, como la televisión o el móvil antes de ir a dormir, retrasamos el funcionamiento de nuestro reloj biológico, debido a que la luz artificial dificulta el inicio del sueño. La doctora Troncoso Acevedo destaca la importancia de dormir las horas necesarias para estar descansados y evitar así enfermedades asociadas.

 

Ambas directoras del curso coinciden en que existe una falta de educación básica en higiene del sueño. Así, aclaran que la medida más efectiva consiste en establecer rutinas de sueño regulares, es decir, mantener la misma hora de despertarse y de acostarse, incluso durante los fines de semana. Además de confeccionar horarios a la medida del ritmo biológico, los hábitos recomendados implican limitar el consumo de cafeína por la tarde, deshacerse de las distracciones en el dormitorio, cenar de forma ligera o irse a dormir únicamente cuando se tenga sueño.