El Dr. Estivill (Barcelona, 1948) se ha hecho popularmente conocido por su método para dormir a los bebés y los niños, y por el camino ha ganado adeptos y detractores. Es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona, experto en Neurofisiología, Clínica y Pediatría y especialista europeo en medicina del sueño. Hace 27 años que dirige la Clínica del Sueño Estivill, del Instituto Quirón-Dexeus de Barcelona y del Hospital General de Catalunya. En junio impartirá el seminario en línea El sueño como fuente de vida saludable en la UOC. Repasamos con él las cuestiones que a todos nos interesan a la hora de dormir, en ocasión del Día Mundial del Sueño, que se celebra el 15 de marzo.

 

¿Cómo empieza usted a especializarse en la medicina del sueño?

Fue una consecuencia de mi especialización en pediatría y neurofisiología. Cuando hacíamos electroencefalogramas a niños, la única forma de que salieran bien era que durmieran, porque se movían mucho, y eso nos permitía ver muchas patologías que solo se detectaban en este estado. Esto me llevó a dedicarme a la neuropediatría en el Hospital Universitario Vall d’Hebron y luego ocho años más en el Hospital Sant Joan de Déu. Más adelante, fui al Hospital Henry Ford de Detroit, y fue allí donde me especialicé solo en medicina del sueño.

Este año realizará un curso en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) sobre medicina del sueño. ¿En qué consistirá exactamente?

Hoy sabemos muchas cosas sobre cómo dormimos, y queremos que todo el mundo tenga acceso a esta información. Por eso, habrá una primera parte en la que hablaremos de los conceptos normales del sueño, que son básicos y nos interesan a todos: por qué dormimos, qué pasa mientras dormimos o cuántas horas hay que dormir. En la segunda parte, explicaremos las patologías: las personas que duermen poco, las que tienen demasiada somnolencia y las que no dejan dormir porque roncan o dan patadas en la cama. El sueño es un tema que nos interesa a todos, porque todos tenemos que dormir.

¿Es un curso enfocado al público general o al personal sanitario?

Está abierto al público general. La explicación será evidentemente científica, pero muy comprensible para cualquiera. Sin embargo, los sanitarios estarán muy interesados en la materia porque podrán refrescar conceptos de la medicina del sueño.

¿Por qué decidió embarcarse en esta formación en la UOC?

La demanda actual sobre conocimientos del sueño es inmensa. Cada vez hay más gente que nos pregunta sobre temas relacionados con la normalidad y también sobre las patologías. Las preguntas más frecuentes están enfocadas al uso de los móviles, la luz, los turnos laborales, situaciones cotidianas o los fármacos que tomamos para dormir. Por este motivo decidimos embarcarnos en esta excelente colaboración con la UOC.

¿Por qué es biológicamente necesario dormir?

Nuestro cerebro repara todo lo que gastamos mientras estamos despiertos y fija los contenidos aprendidos a lo largo del día, los memoriza. Dormimos para estar despiertos, porque si no durmiéramos sería imposible; por la noche el cuerpo genera todo lo que necesita para el día siguiente.

¿Cuáles son los principales errores que cometemos normalmente cuando nos acostamos?

Hasta hace poco pensábamos que el sueño era un hecho natural y surgía de repente. Seguíamos trabajando hasta última hora, enviábamos mensajes… Ahora sabemos que esto no es posible porque no surge de repente, hay que prepararlo. Es como el día y la noche, no hay un cambio brusco entre luz y oscuridad, ya que primero está el crepúsculo. El cerebro tiene que irse apagando poco a poco para poder dormir correctamente; por eso tenemos que prepararnos: desconectar de las redes sociales y apagar los móviles un par de horas antes de acostarse, consumir algunos derivados lácteos para ayudar a la segregación de melatonina, evitar ejercicios físicos que puedan distraer o tensar nuestro cerebro, que es el responsable del insomnio.

¿Los malos hábitos de sueño se heredan de padres a hijos?

Es normalísimo que las rutinas se transfieran a nuestros hijos. Si los padres son rectos en horarios y educan a sus hijos entendiendo que el sueño tiene que prepararse, estos tendrán un buen dormir. Pero los padres más anárquicos, que se acuestan a cualquier hora o consultan el móvil, probablemente transmitirán estas malas costumbres a sus hijos. Cuando un niño no duerme bien por malas rutinas tenemos que fijarnos en las de sus padres.

Usted recomienda que los niños duerman separados de sus padres desde siempre. ¿No puede generar estrés o cualquier tipo de problema psicológico?

Los estudios que tenemos actualmente, publicados por la Academia Americana de Pediatría, recomiendan que los niños duerman separados para que los padres no sean un elemento externo del sueño. Hasta los seis-siete meses tienen que dormir al lado de la cama junto a su madre porque la lactancia materna es lo más recomendable. Cuando el niño ya es más autónomo, es muy adecuado que pueda tener su entorno, ya que reconoce el espacio donde duerme como su casita. No hay ningún estudio serio que diga que un niño que duerme bien pueda sufrir estrés o algún otro problema emocional.

¿Cómo puede afectar dormir inadecuadamente durante la infancia en la edad adulta?

Si un niño no duerme las horas adecuadas irá teniendo repercusiones cuando se vaya haciendo mayor. Van desarrollando rutinas anómalas que acaban afectando a su vida. Por ejemplo, si están acostumbrados a dormir con sus padres, quizás no quieran ir de campamentos o de colonias. Como consecuencia de estos hábitos, es posible que algunos acaben siendo consumidores de fármacos en la edad adulta, ya que desarrollan lo que se llama insomnio primario.

Tenemos un examen o mucho trabajo y una noche dormimos cuatro horas. ¿Cómo podemos reparar el daño hecho al cuerpo?

No hay ninguna fórmula posible. En castellano hay una frase que dice «lección dormida lección aprendida». Todo lo que hemos aprendido durante el día, el cerebro lo consolida y lo organiza mientras duerme. Por eso es importantísimo dormir antes de un examen o de tomar una decisión importante; entre nueve y once horas, los niños y adolescentes, y al menos ocho, los adultos.

Dormir menos de cuatro o cinco horas al día es perjudicial para la salud. Le hago la pregunta inversa, ¿y si dormimos once o doce horas al día?

Es imposible dormir once o doce horas cada día. Solo duermen tantas horas las personas que van cortas de sueño. Si una persona duerme cada día este número de horas significa que tiene una patología. Las horas de sueño dependen de la edad: un niño que se mueve mucho necesita once horas, un adolescente necesita nueve, y un adulto necesita ocho. Solo un 5 % de la población aguanta durmiendo seis horas al día durante los siete días de la semana; no vale decir «duermo seis horas de lunes a viernes y el fin de semana duermo doce».

¿Cómo valora el tratamiento y el diagnóstico del sueño en la sanidad pública?

El sistema público de salud ha sido pionero en las unidades de sueño. De hecho, durante mi formación como neurofisiólogo en los hospitales públicos, realicé una parte importante de polisomnografías, es decir, estudios del sueño. Sin embargo, creo que la atención está demasiado enfocada a las apneas y los ronquidos, pero todavía hay pocas unidades clínicas públicas que estén especializadas en trastornos de sueño en niños. Sin embargo, vamos consiguiendo que cada vez haya más unidades clínicas públicas que traten estos temas. Además, las mutuas cubren todas las exploraciones y permiten que este tipo de medicina sea asequible para todos.