Conscientes de los beneficios que aporta dormir bien, los equipos multidisciplinares de ORPEA desarrollan planes de cuidado especiales para mejorar la calidad de sueño de las personas mayores, sobre todo si detectan que padecen algún trastorno del sueño.

 

El sueño, si es de calidad, se convierte en un factor clave para mejorar la salud física, cognitiva y emocional, ya que  favorece el equilibrio fisiológico y del sistema nervioso central, lo que repercute de forma favorable en los procesos cognitivos y la función motora (deambulación y equilibrio). Además permite disminuir la fatiga diaria y el malestar general, e incluso el riesgo de caídas en las personas mayores, y mejora el estado de ánimo, reduciendo la irritabilidad y la ansiedad.

 

Los trastornos del sueño son más frecuentes en las personas mayores. Según la Sociedad española de Neurología, entre un 20 y un 48 % de la población adulta sufre dificultad para iniciar o mantener el sueño. De hecho, como afirma la coordinadora médico de Grupo ORPEA, Silvia Lores, “el envejecimiento conlleva alteraciones en la bioquímica cerebral relacionadas directamente con la función del sueño, lo que se traduce en una mayor dificultad para quedarse dormido, un incremento de los despertares nocturnos y una mayor alternancia sueño-vigilia; y, como consecuencia, disminuye la eficiencia del descanso”.

 

El insomnio es el principal trastorno del sueño en las personas mayores y se caracteriza por la dificultad para iniciar o mantener el sueño. Su origen puede ser multifactorial porque, a los cambios fisiológicos propios del envejecimiento, pueden unirse enfermedades, hábitos de sueño incorrectos, tratamientos farmacológicos y factores psicosociales y emocionales.

 

Para prevenirlo, en ORPEA, se mantienen medidas higiénico-dietéticas y hábitos de sueño adecuados. No obstante, siempre descartan que exista causa médica. Y, si la hay, proceden al abordaje correspondiente.

 

Hábitos que favorece un sueño reparador

En los centros ORPEA, ponen en práctica ciertos hábitos que ayudan a conseguir una correcta higiene del sueño. Entre ellos, Silvia Lores destaca los siguientes:

 

  • Mantener una regularidad en el horario de acostarse y levantarse.
  • Prestar especial atención al entorno, favoreciendo un ambiente tranquilo con niveles reducidos de luz y ruidos.
  • Establecer una temperatura adecuada de las estancias para lograr el estado de calma previo que facilite la inducción del sueño.
  • Evitar alimentos o bebidas estimulantes en horas vespertinas.
  • Realizar ejercicio físico durante las primeras horas del día preferentemente. Se ha visto que el ejercicio antes de acostarse puede tener un efecto excitar y tener un efecto contrario al buscado.
  • Evitar que se vean programas que pueden generar excitación o miedo, así como pantallas de ordenador, tablet o móviles.
  • Las siestas serán de menos de 30 minutos. De este modo el mayor podrá descansar parcialmente, pero sin que se altere su ciclo circadiano.

 

Abordaje de los trastornos del sueño

Cuando los hábitos higiénicos del sueño no son suficientes, “el médico realizará una valoración exhaustiva para descartar factores de riesgo sobre los que poder incidir positivamente. Se tratará cada caso de modo individualizado, teniendo en cuenta el estado funcional y cognitivo”, indica la coordinadora médico de ORPEA.

 

En la mayor parte de los casos, se implicará a los mayores en las actividades terapeúticas, ofreciéndoles recomendaciones y estrategias.

 

En el caso de los mayores con deterioro cognitivo, se procederá a una supervisión de su descanso nocturno para evidenciar los problemas que caracterizan el cuadro y se descartarán complicaciones médicas, incomodidades o miedos.