Mañana, 30 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, una enfermedad crónica del sistema nervioso central que suele debutar entre los 20 y 40 años y que provoca algunas alteraciones como fatiga, falta de equilibrio, dolor, problemas visuales, dificultades del habla, temblor, etc. El lema de este año es “Mi EM Invisible”, a través del que se pretende dar a conocer aquellos síntomas invisibles de esta patología neurodegenerativa. El deterioro cognitivo es uno de esos síntomas invisibles de la esclerosis múltiple, de hecho es complicado de detectar en fases iniciales. Actualmente, “se estima que entre el 50 y el 65 % de los personas diagnosticadas de esclerosis múltiple presentan algún tipo de alteración cognitiva a lo largo del desarrollo de la enfermedad”, indica la logopeda miembro del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM) y especialista de la Fundación Esclerosis Múltiple Madrid (FEMM), Celia Delgado.

Debido a este deterioro cognitivo, la persona puede empezar a presentar olvidos, problemas para nombrar objetos, desorientación, dificultades para planificar su vida y trabajo, o cambios y alteraciones de conducta. Todo ello puede afectar a la vida laboral, social e, incluso, a la realización de las actividades cotidianas.

El lenguaje y la comunicación también pueden verse afectados, “lo que influye en la conducta y el estado emocional, provocando irritabilidad, impulsividad, agresividad, egocentrismo, infantilismo, desinhibición de la conducta, apatía, rigidez en la conducta, depresión, etc.”, reconoce Celia Delgado. En este sentido, la intervención del logopeda puede resultar de gran ayuda.

Según concreta la logopeda, el lenguaje y la comunicación estarán deteriorados de manera diferente en cada paciente, dependiendo del área cognitiva dañada. Se puede observar rigidez cognitiva, los temas de conversación se vuelven más perseverantes y repetitivos; problemas de atención; reducción en la velocidad de procesamiento mental, se necesita más tiempo para comprender y expresar el mensaje; dificultad para estructurar el discurso y seleccionar las palabras; déficit de memoria de trabajo, se saltan y omiten temas, se pierde el hilo del discurso; desorientación temporal, espacial y personal, etc.

“A veces es la misma persona afectada quien detecta la necesidad de acudir a un especialista. En otras ocasiones son los profesionales que la tratan (neurólogo, enfermera, fisioterapeuta, terapeuta, logopeda…) los que derivan o recomiendan acudir a una valoración de neuropsicología. En la FEMM, las neuropsicólogas realizan una valoración donde se observa el grado de deterioro cognitivo y se decide si requiere tratamiento o si puede actuar a nivel preventivo (a través, por ejemplo, del programa de Reserva Cognitiva)”.

El trabajo del logopeda consistirá en potenciar al máximo el lenguaje. “Se trabajará el acceso al léxico, la memoria semántica, la memoria auditiva, las habilidades metafonológicas, la categorización, la estructura sintáctica, la narración, descripción, la comprensión… A veces se trabajará de forma oral y otras por medio de la lectura o escritura”, sostiene Celia Delgado.

Con esta intervención logopédica, “se puede conseguir que la persona con EM y cualquier interlocutor con el que se relacione estén más seguros en su comunicación; que se reduzca el aislamiento que estas limitaciones pueden suponer y que la autonomía del paciente también sea mayor al poder manifestar sus necesidades, opiniones, descripciones de situaciones, etc. utilizando el lenguaje y aportando su visión del mundo”, manifiesta la logopeda de FEMM.