Cada siete segundos[1] se genera en el mundo un nuevo caso de demencia, la prevalencia de esta enfermedad aumenta de forma exponencial a partir de los 65 años y se multiplica por 2 cada cinco, de acuerdo con la Fundación alzhéimer España. Es decir, una de cada cuatro personas de más de 85 años padece algún tipo de demencia. 

Este tipo de afección, sea cual sea su causa o etiología, afecta a quien la sufre directamente, pero también a la familia, que tiende a asumir la responsabilidad de cuidar a la persona que vive con demencia. El perfil del cuidador en España se corresponde con una mujer (en el 67% de los casos) de entre 40 y 55 años (45%), residente en área urbana (78%), que es hija de la persona que sufre la enfermedad (65%), y compagina su condición de cuidador con la atención de su familia, tal y como se desprende del estudio “El cuidador en España. Contexto actual y perspectivas de futuro. Propuestas de intervención”, elaborado por CEAFA y Fundación Sanitas.

El agotamiento físico y mental que puede generar el cuidado de una persona dependiente, al mismo tiempo que se mantiene la actividad profesional y familiar, a menudo desencadena el ‘síndrome del cuidador quemado’. Entre un 50-70% de cuidadores de pacientes con demencia presentan algún tipo de carga, destacando que alrededor del 30% muestran sobrecarga intensa[2]. “Este síndrome se define como un cansancio emocional que incapacita al cuidador para ofrecer la ayuda que necesita el paciente hasta el punto de llegar a sentir indiferencia por él” explica David Curto, responsable Gestión Asistencial de Sanitas Mayores.

Cómo identificar el síndrome del cuidador quemado

Los expertos recomiendan prestar atención a posibles señales que puedan indicar esta alteración. “Aparecen de manera progresiva síntomas físicos como cansancio o dolores musculares; y síntomas emocionales como ansiedad, estrés, tristeza, insomnio, o falta de concentración. Si se sufre alguno de estos síntomas es recomendable acudir al psicólogo. Ya que es muy importante aprender a gestionar estas dificultades para ofrecer un cuidado de calidad a nuestro familiar”, informa Jesica Sainz, psicóloga de Blua de Sanitas.

Además, existe una herramienta de evaluación psicométrica gratuita en internet que permite conocer el estado de cada cuidador. La prueba de Zarit[3] es una escala que evalúa el nivel de afección que puede tener el cuidador de personas con demencia, a través de 22 preguntas. “Esta escala permite conocer la carga del cuidador y utilizar instrumentos específicos adaptados y validados para valorar otros aspectos que puedan estar afectados por la carga del mismo. Si el resultado se encuentra entre 55 y 56 la sobrecarga a la que se enfrenta la persona encargada del cuidado del paciente es intensa, lo que no es favorable ni para la salud del cuidador ni del enfermo”, señala Curto.

Recomendaciones para cuidar al cuidador

Para prevenir estas situaciones de agotamiento y cuidar a las personas que sufren demencia con la mayor calidad posible, el equipo de Sanitas recomienda seguir un plan de autocuidado diario. Esto significa planificar en la jornada momentos de descanso y cuidado personal, además de espacios para relacionarse con amigos y familiares.

Dormir bien y realizar ejercicio con regularidad es imprescindible, porque tal y como recuerda Jesús Hernández, entrenador personal de Blua de Sanitas “el ejercicio físico favorece directamente la realización de las tareas cotidianas del cuidador. El agotamiento físico y mental que puede conllevar sobreponer las necesidades de otro a las nuestras nos hace perder la perspectiva de que, si el cuidador está mal, la persona al cuidado inevitablemente estará peor. Una rutina física semanal fácilmente realizable, que incluya ejercicios de resistencia aeróbica como caminar o correr, y ejercicios de fuerza de moderada intensidad es clave para ayudar al cuidador a encontrarse mejor consigo mismo, desconectar por momentos de la rutina, favorecer el autocuidado y mejorar nuestras relaciones interpersonales”.

Además, “establecer momentos de descanso y mantener sus aficiones es recomendable para mantener un buen estado de ánimo, ya que al realizar actividades que no sean exclusivamente del cuidado de la persona favorecemos una mejor gestión emocional. Tenemos que ser conscientes de que, para ser capaces de cuidar a otra persona, primero debemos cuidarnos a nosotros mismos”, señala Jesica Sainz. Si la unidad familiar no cuenta con más miembros que puedan alternarse en el cuidado de la persona dependiente, existen diferentes modalidades de atención profesional que pueden combinarse para facilitar esos momentos vitales. Por ejemplo, los centros de día o las estancias temporales en residencias pueden ser muy útiles en estos casos.



[1] «Dementia: a Public health Priority». WHO 2012

[2] Síndrome de sobrecarga del cuidador. CREA