Es necesario reconocer que cada vez son más las aportaciones positivas que las nuevas tecnologías realizan en el ámbito del cuidado de la persona.

Por un lado, tenemos las nuevas tecnologías aplicadas a la vivienda, como la domótica, que facilitan que las personas mayores vivan de forma independiente, en sus hogares, durante más tiempo al proporcionarles la supervisión y atención que necesitan.

 

Además de las tareas de confort y ahorro energético que permiten los sistemas de domótica, también están los sistemas de seguridad. Por ejemplo, estas herramientas permiten que cada incidencia que se produzca en la casa (como fugas de gas, detección de humos…) sea notificada al instante tanto a la persona mayor como a sus familiares, lo que permite actuar inmediatamente ante posibles urgencias.

 

Por otro lado, también existen soluciones que permiten a los mayores estar más fácilmente conectados con sus familiares a fin de que éstos reciban avisos en casos de emergencia. En este sentido tenemos, por ejemplo, sensores de actividad que permiten a las familias estar conectadas con sus mayores y que hasta 10 contactos reciban avisos en caso de emergencia. Otra solución permite que la persona mayor solicite ayuda de forma directa pulsando un botón, o que el mismo dispositivo mande automáticamente un aviso al móvil de los familiares en el caso de que detecte inactividad o algún movimiento que pueda indicar una caída.

 

Asimismo, tener un dispositivo y un mínimo conocimiento de unas sencillas aplicaciones ayuda a las personas que viven solas a sentirse más acompañadas. En algunos municipios ya se están desarrollando programas para facilitar que las personas mayores que viven solas mantengan contacto continuado con sus familias y con otras personas en su misma situación a través dispositivos móviles. Mantener esta comunicación continuada con otras personas no sólo evita el sentimiento de soledad que muchas veces sienten las personas mayores, sino que les permite sentirse más seguros, ya que si se detecta un cambio de hábitos o se identifica que una persona mayor deja de acceder a su dispositivo, se puede actuar rápidamente.

 

En cuanto a la aplicación de nuevas tecnologías en las residencias geriátricas también se va avanzando. En el mercado ya hace tiempo que encontramos interesantes soluciones tecnológicas aplicables al sector residencial, que facilitan el trabajo de los cuidadores a la vez que mejoran la calidad de vida de los residentes.

 

Conscientes de ello, muchas residencias ya incluyen en sus programas la impartición de talleres para que sus residentes aprendan a usar ordenadores, tablets y móviles según sus necesidades, así como el uso de programas informáticos diseñados específicamente para desarrollar y potenciar las capacidades cognitivas de los residentes, adaptándose a las necesidades de cada persona y promoviendo un ocio alternativo.

 

Este tipo de técnicas, adaptando los programas y niveles de dificultad a cada persona, se pueden utilizar tanto como prevención ante el deterioro cognitivo como en la mayoría de sus fases.

 

El cuidador del siglo XXI será un cuidador tecnificado que debe conocer las posibilidades tecnológicas existentes y cuál se adapta mejor a las necesidades y circunstancias de cada persona a la que cuidan.