La rosácea es una enfermedad crónica de la piel más común de lo que se piensa. “En España, afecta a más del 5% de la población y, a pesar de su incidencia, es todavía una de las enfermedades más infradiagnosticadas –sólo el 1% de los aquejados tienen un dictamen médico”-, detalla el Dr. Miguel Sánchez Viera, director del Instituto de Dermatología Integral IDEI. “El desconocimiento de los síntomas y de la existencia de esta patología por parte de los propios pacientes es el principal motivo de este infradiagnóstico”.

La rosácea presenta una mayor incidencia en las mujeres, afectándoles tres veces más que a los hombres, y especialmente a aquéllas con la piel más blanca y sensible. Aunque se desconocen las causas exactas, estudios recientes han demostrado que podrían estar relacionadas con la herencia genética (aproximadamente el 40% de los afectados por la rosácea tienen un familiar directo que también la padece), con el funcionamiento inadecuado del sistema inmunitario, problemas de regulación vascular o ciertos fármacos y tratamientos hormonales. Como explica el doctor Sánchez Viera, “los problemas de regulación vascular y los tratamientos hormonales son más comunes en mujeres, por lo que éstas podrían ser algunas causas de la mayor incidencia”.

La rosácea afecta principalmente a las zonas centrales del rostro (mejillas, nariz, frente y mentón) y entre sus síntomas más comunes se encuentran el enrojecimiento (eritema), que muchas veces aparece de forma espontánea, las arañas vasculares (telangiectasias), granos parecidos a los del acné (lesiones inflamatorias), sensación de quemazón, tirantez y sequedad de la piel, e inflamación de las zonas afectadas. Entre los menos habituales, pero que pueden darse en casos más severos, están los edemas, dolor, deformidad de la nariz (rinofima) y engrosamiento de la piel.

Por otro lado, y como señala el doctor, “dado el gran desconocimiento que existe de la enfermedad, la sintomatología de la rosácea es asociada muchas veces a personas que beben, por la presencia de arañas vasculares, o que no cuida su imagen e higiene en exceso”. Esto se traduce en problemas que afectan a su autoestima y a su calidad de vida, afligiendo, según precisa el Dr. Sánchez Viera, a casi el 90% de personas con esta enfermedad. 

En cuanto a opciones para su tratamiento, en la actualidad existen diversos métodos para controlar la sintomatología y que varían en función del caso, desde cremas con fármacos para los más leves a uso de antibióticos y retinoides orales para los más graves. “Además, los láseres actuales permiten chequear e, incluso, detener la evolución de la rosácea. Los láseres, la luz pulsada intensa y, más recientemente, la terapia con fluorescencia han supuesto uno de los mayores avances en el tratamiento de esta enfermedad”.

Kleresca® Rosacea Treatment, un tratamiento innovador, efectivo y no invasivo

Para el Dr. Sánchez Viera, “la fluorescencia es el tratamiento más novedoso para la rosácea” y uno de los más demandados en su clínica. Kleresca® Rosacea Treatment recurre a la fluorescencia para estimular los mecanismos de reparación naturales de la piel, combatiendo los síntomas y signos de esta enfermedad. 

Este método confortable y no invasivo está especialmente diseñado para pacientes con la piel muy sensible y tiene un período de recuperación muy corto o nulo. Asimismo, su procedimiento resulta muy sencillo, ya que consiste en aplicar un gel fotoconversor especialmente formulado para la piel del paciente, que se coloca bajo la lámpara de luz azul Kleresca®. Cuando ésta incide sobre el gel, los cromóforos contenidos en el mismo convierten la luz en fluorescencia que penetra en la piel a diferentes longitudes de onda para activar sus propios mecanismos internos de reparación a nivel celular. 

La mejora de la piel con Kleresca® Rosacea Treatment es perceptible al poco tiempo y sus efectos siguen mejorando la piel mucho más allá de la finalización del tratamiento. Otra de sus ventajas es la corta duración de las sesiones, tan sólo nueve minutos bajo la lámpara. El tratamiento íntegro constará de entre cuatro a seis sesiones, en función de lo que considere oportuno el dermatólogo según el caso. Esta técnica puede realizarse durante todo el año, incluso en los meses de verano, y es compatible con otros tratamientos.