La calidad del aire en España mejoró ligeramente en 2018 respecto al año anterior, aunque esta mejoría es menos significativa en los contaminantes ligados a los entornos metropolitanos y al tráfico y que son, precisamente los más nocivos para la salud, es decir dióxido de nitrógeno (NO2), partículas (PM10) y ozono (O3). Entre los efectos potenciales relacionados con las partículas en suspensión para la población española figuran la mortalidad, en general por causas cardiovasculares y respiratorias; partos prematuros, bajo el Alzheimer y el desarrollo cognitivo
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