En verano, la mayor humedad a la que nos exponemos en piscinas y playas, sumada a las altas temperaturas provocan un aumento de la incidencia de las infecciones vaginales, causadas por hongos o bacterias. En cifras, se calcula que su incidencia aumenta hasta un 50% en esta época del año. Por tanto, conviene extremar los cuidados y la higiene de la zona íntima durante estos meses para prevenir posibles molestias que puedan estropear nuestras vacaciones.

Se calcula que un 75% de las mujeres sufren infecciones vaginales en algún momento de su vida, y un elevado número de ellas recaerá al cabo de un tiempo. Debido a la alta incidencia, es recomendable tomar precauciones para minimizar sus efectos e incluso poder prevenir su aparición. Los principales síntomas que nos pueden alertar de una posible infección son el picor, el malestar, la irritación o un flujo vaginal alterado. Aunque no son síntomas graves y las infecciones son de fácil curación, sí que se trata de un trastorno molesto que puede alterar considerablemente nuestra calidad de vida, por lo que se recomienda visitar a un especialista lo antes posible para poder iniciar el tratamiento más adecuado lo antes posible.

Para mantener lejos durante el verano las infecciones vaginales podemos seguir algunos sencillos consejos que nos ayudarán a evitar su aparición. No quitarse el bañador mojado es la causa del 50% de las infecciones vaginales producidas en verano, por lo que la recomendación más importante es cambiar esta prenda por otra tras un baño. Si es posible optar siempre por prendas de algodón para la ropa interior o de baño, un tejido más transpirable que ayudará a evitar la acumulación de humedad y ventilar la zona, para prevenir la proliferación de hongos y bacterias causantes de estas infecciones.

Otras de las recomendaciones fundamentales para prevenir estas infecciones son mantener la zona genital limpia y seca; evitar productos perfumados, ya que podrían ser irritantes por los químicos que contienen; y dejar en el armario los pantalones apretados, especialmente en verano.

La microbiota vaginal es la primera barrera frente a la posible entrada de microorganismos no deseables por lo que juega un papel protector esencial frente a la aparición de infecciones vaginales. Por esta razón es fundamental cuidarla, sobre todo en esta época del año. La toma de simbióticos (probióticos y prebióticos conjuntamente) se ha demostrado como una de las herramientas más efectivas para mantener una microbiota vaginal rica en lactobacilos, y con ello, conseguir un buen ecosistema vaginal, reforzando la barrera y aumentando las defensas frente a la posible aparición de una disbiosis bacteriana.