A medida que envejecemos nos volvemos más sedentarios y perdemos capacidades y habilidades físicas. Los expertos coinciden en señalar que la principal estrategia para disminuir los efectos del envejecimiento es la promoción de la actividad física que, según el Instituto Nacional para el Envejecimiento, también puede aliviar los síntomas de muchas enfermedades crónicas. 

Los residentes de DomusVi Arturo Soria (Madrid) con una media de 85 años de edad, realizan dos o tres veces por semana deportes adaptados a sus diferentes necesidades y patologías. Entre los múltiples beneficios de la actividad física en personas mayores, el equipo de Fisioterapia de la residencia destaca los proporcionados en tres vertientes:

FÍSICOS: Mantenimiento de las capacidades físicas en general, mejora del tono muscular, rangos articulares, fuerza, equilibrio, destreza manual, potenciación muscular, coordinación óculo-manual, coordinación mano-mano y coordinación mano-pie. Provoca la mejora de la higiene postural, el control de tronco y de las cinturas escapular y pélvica. También facilita el aumento de la capacidad pulmonar y una mayor elasticidad de la caja torácica.

COGNITIVOS: La estimulación que conlleva la actividad física ayuda a mantener las conexiones neuronales y hace que el deterioro cognitivo se retrase en la medida de lo posible, dentro de la base patológica de cada paciente.

EMOCIONALES: Mejora el estado anímico y las relaciones interpersonales (con trabajadores, compañeros y familiares que participan en las actividades) y reduce la depresión y la apatía. Además, se activan los recuerdos de vivencias y experiencias anteriores relacionadas con el deporte.

Los deportes adaptados que practican habitualmente en DomusVi Arturo Soria son Pilates, bádminton, bolos y bicicleta. “Estas actividades les gustan mucho a los mayores porque rompen su rutina y les supone practicar ejercicio de un modo divertido, ameno y en grupo”, afirma el equipo de fisioterapia del centro que confirma que el bádminton y Pilates son las prácticas deportivas que más éxito tienen entre los residentes. Y añaden que “también las que realizamos al aire libre y con la participación de los familiares, ya que incrementa su motivación y supone una fuente de estimulación”. 

En el centro residencial adaptan cada uno de los deportes para que puedan ser realizados por el mayor número de residentes, consiguiendo que hasta 50 personas se animen a participar, y sin límite de edad, de hecho, uno de ellos ya ha cumplido los 106 años. “Por ejemplo, los ejercicios de Pilates los hacen sentados, pero manteniendo las bases de la disciplina como la activación del abdomen, la mejora del esquema corporal, el aumento de la flexibilidad… En el caso del bádminton sustituimos la pluma, que resulta demasiado pequeña, por un globo”. 

Igualmente, procuran plantear ejercicios que les recuerden a juegos de la infancia como son los dardos y que en la residencia se reproducen tirando una pelota de tenis con velcro a una diana. Esta fue una de las pruebas que formó parte de las ‘miniolimpiadas’ celebradas este verano y donde los mayores ejercitaron su puntería, el equilibrio, la fuerza, la destreza y el trabajo en equipo.