La pérdida auditiva es un problema que, si bien afecta a todos los grupos de edad, incide especialmente sobre las personas de tercera edad, de hecho, se calcula que el 30% de las personas mayores de 65 años padecen algún trastorno auditivo.

En este sentido, los expertos de Oticon señalan que no siempre resulta fácil detectar un problema auditivo, principalmente porque se trata de un sentido cuya pérdida suele detectarse antes por su círculo cercano que por el propio paciente. Además, al tratarse de una pérdida progresiva, el paciente suele experimentar una fase de negación del problema. Según los últimos estudios de Oticon, los españoles tardan, de media, 7 años [1]desde que se detecta un problema de audición, hasta que decide tratarse y utilizar un audífono. Los hábitos sociales propician que la mayoría asumamos con normalidad tener problemas para oír con claridad a una determinada edad, como un deterioro más fruto del envejecimiento. Esto provoca un retraso en la edad de revisión y tratamiento de los problemas auditivos.

Esta situación puede darse tanto en entornos familiares como profesionales, debido a la incomprensión que este problema puede generar. Las repeticiones constantes o las preguntas sin responder pueden llegar a resultar molestas o incomprendidas por muchas personas.

En este escenario, el equipo de expertos profesionales de Oticon pone el foco precisamente en la protección de este entorno, ya que las personas que, pese a sufrir un deterioro auditivo, no utilizan audífonos continuarán perdiendo paulatinamente información del habla, lo que dificulta la comprensión, especialmente en ambientes ruidosos. Además la pérdida auditiva no tratada genera problemas de aislamiento social y un mayor riesgo de sufrir accidentes, entre otros problemas.

En este sentido, las personas del entorno del afectado juegan un papel clave para detectarlos y animar a que la persona acuda cuanto antes a su especialista para una revisión.

“Normalmente entre los primeros síntomas de la pérdida auditiva está la necesidad de preguntar varias veces aquello que se ha dicho. Cuando el cerebro recibe información parcial del habla, realiza un sobreesfuerzo para la comprensión del mensaje. Al no ser capaz de entender con la misma facilidad que una persona con audición normal tiende a evitar conversaciones o situaciones que le requieran una atención especial y, de esta manera, puede parecer que pierde interés en su entorno”, explica José Luis Blanco, jefe de audiología de Oticon España.

Además de esto, síntomas como dificultad para la comprensión de una explicación, no responder a voces o llamamientos realizados por otras personas, muestras de ausencia o desconexión en conversaciones grupales, incremento del volumen en televisión o radio, o la dificultad para detectar la procedencia de los sonidos, serían otros síntomas que servirían de aviso ante una pérdida auditiva.

Beneficios de los audífonos

Los audífonos proporcionan al cerebro más claves del habla, le ayudan a procesar la información sonora y el mantenimiento de la actividad cognitiva. Así se protege al cerebro, la memoria auditiva y la capacidad de comunicación.

Según estudios recientes, al someter al cerebro a ese proceso de sobreesfuerzo tiende a un menor uso de otros recursos, como la capacidad de recuerdo o de concentración.

El uso de audífonos ayuda a proteger las relaciones interpersonales a todos aquellos que sufren pérdida auditiva. Solo a través de la protección de la audición de los normoyentes y la mejora de la capacidad de escucha en las personas con pérdida auditiva estaremos fomentando una vida lo más normalizada posible, en la que las salidas, reuniones o conversaciones con múltiples interlocutores y los ambientes ruidosos sean parte del día a día y no un duro reto por  la pérdida de información constante.



[1] Fuente: Hearing review, 2014