Los disruptores endocrinos son compuestos químicos que contaminan el medioambiente y que, una vez incorporados a un organismo vivo, afectan al equilibrio hormonal. Aunque la comunidad científica aún no ha podido establecer una relación causa-efecto entre la presencia de determinadas sustancias de este tipo en el organismo y el aumento en la incidencia de determinadas enfermedades, los disruptores endocrinos químicos (DEQ) se asocian con la disminución de la fertilidad masculina, con algunos tipos de cáncer (mama y próstata, principalmente) y con ciertos problemas metabólicos, como diabetes, hipertensión y obesidad. No obstante, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) aboga por evitar estas sustancias sin caer en el alarmismo, “sencillamente por prudencia y porque el efecto hormonal de los disruptores endocrinos es una realidad, aunque se desconoce su magnitud”.

Los especialistas de la SEEN afirman que el nivel de detección analítica de los disruptores es cada vez más bajo: “Estamos midiendo cantidades muy pequeñas cuya trascendencia clínica desconocemos y que, probablemente, ya existían en épocas en las que no éramos capaces de medirlas”. Por ello, insisten en que debe aplicarse el principio de prudencia y evitar en lo posible el contacto o el consumo de estas sustancias: “Los gobiernos deben informar a los consumidores y facilitar el uso de envases y otras sustancias inertes que no contienen disruptores endocrinos”. De hecho, recientemente, la SEEN junto con la Sociedad Europea de Endocrinología (ESE) han remitido una carta al Ministerio para la Transición Ecológica para llamar la atención sobre las amenazas que siguen planteando los (DEQ) para la salud general y el bienestar de la población europea, y para el medioambiente.

Impacto potencial sobre las hormonas sexuales

Los DEQ tienen potencial para perturbar cualquier sistema hormonal, pero la información disponible sobre la disrupción hormonal causada por los agonistas o los antagonistas de las hormonas sexuales femeninas (estrógenos) es muy superior. Estos compuestos se denominan xenoestrógenos y se ha estudiado su efecto negativo sobre los mecanismos de control de la secreción de testosterona y la espermatogénesis en el testículo del varón.

Sin embargo, desde la SEEN reconocen que los resultados son confusos y que no es posible afirmar de forma cuantitativamente significativa que sus efectos sean la causa directa de las alteraciones, ya que la potencia hormonal de estas sustancias es extremadamente débil y solo una exposición ambiental muy intensa y repetida es motivo de preocupación, tal y como ha expresado reiteradamente la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), recalcan los endocrinólogos.

Dónde están los DEQ y qué alternativas existen

Los DEQ están presentes en envases de alimentos, plaguicidas, productos de higiene personal y de limpieza, materiales de construcción, materiales plásticos y sintéticos, ambientadores, materiales de decoración, insecticidas, ropa, juguetes, electrodomésticos, metales pesados y aparatos electrónicos. Por ello, desde la SEEN recomiendan evitar el consumo de productos envasados y procesados industriales, y de envases con recubrimientos plásticos, antiadherentes, ignífugos, etc.

Como alternativas, aconsejan el uso de materiales inertes como el vidrio y las fibras naturales, reducir el consumo de precocinados, beber agua del grifo en lugar de embotellada y leer bien las etiquetas de cosméticos, como los desodorantes, y de los productos de limpieza. “Todo ello contribuirá a una disminución progresiva del uso de estas sustancias”, aseguran los especialistas en Endocrinología y Nutrición.

En concreto, los principales DEQ son el insecticida DDT (diclorodifeniltricloroetano); los policloruros de bifenilo, una clase de compuestos clorados usados en la industria de los refrigerantes y lubricantes; compuestos asociados al plástico como BPA (bisfenol-A), PBDE (polibromodifeniléteres), PBB (polibromuros de bifenilo), ftalatos (BBP, DBP, DEHP) y estireno; pesticidas y fungicidas de uso agrícola, como clordano, clordecone, Mirex, trifenilestaño y oxafeno; disolventes como el 1,2,4-triclorobenceno, tetracloroetileno o el octacloroestireno; alquilfenoles que, por ejemplo, se emplean para producir detergentes, como el p-nonilfenol o nonifenol y el octilfenol; y el resorcinol, utilizado en la producción de resinas artificiales.