En la madrugada del sábado 26 al domingo 27 de octubre, los relojes se retrasarán una hora para adoptar el horario de invierno. Un cambio que, aunque afecta en menor medida que el horario de verano, puede producir igualmente alteraciones en el descanso y, en consecuencia, en la salud.

El cambio de hora perjudica especialmente a niños y mayores de 65 años, cuyo reloj biológico es menos flexible, pudiendo necesitar hasta dos semanas de adaptación. En el caso de las personas mayores, más propensas a sufrir trastornos en el descanso según recoge la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la mala calidad del sueño se acentúa con el nuevo horario. A las alteraciones en el sueño se suman otros efectos negativos que pueden derivarse del cambio de hora como el cansancio, los cambios de humor, falta de concentración o problemas digestivos.

Por este motivo, Atenzia, empresa especializada en el ámbito sociosanitario, ofrece a sus usuarios de teleasistencia unas pautas básicas para poder adaptarse al cambio horario y minimizar así sus consecuencias. Realizar un ajuste progresivo de las horas de sueño en los días previos al cambio de hora, practicar ejercicio físico suave y modificar los horarios de las comidas son algunos de los consejos que permitirán que nuestro cuerpo se adapte con mayor facilidad a este nuevo horario.