Mañana, 29 de octubre se celebra el Día Mundial del Ictus, una patología que afecta a 120.000 españoles cada año, siendo ya la segunda causa de mortalidad en nuestro país, y la primera en el caso de las mujeres. En aquellos pacientes que sobreviven al ictus, la disfagia orofaríngea (DO) es un síntoma común que está presente en alrededor de un 20 a un 64% de los casos[i] y se caracteriza por provocar dificultades para trasladar de manera segura el bolo alimenticio desde la boca hasta el esófago.

 

Tras la rehabilitación en estos pacientes, el 47% de los enfermos mejoró entre las primeras semanas y el 17% a los 2-4 meses. Sin embargo, una de las principales consecuencias de la disfagia es la desnutrición. De hecho, la prevalencia de desnutrición aumenta tras el ictus de un 12% en el momento del diagnóstico hasta llegar a un 50% en enfermos con estancias prolongadas o en rehabilitación. La presencia de desnutrición empeora el pronóstico vital, aumenta las complicaciones y disminuye la recuperación funcional[ii].

 

“La DO puede poner en riesgo a la persona que la padece, ya que si no se ponen medidas para facilitar una deglución segura se pueden producir consecuencias graves para su salud. Las principales complicaciones son la desnutrición (presente hasta en un 50% de los pacientes), la deshidratación, así como complicaciones respiratorias y neumonía por aspiración. Se trata de una patología multifactorial, asociada con múltiples comorbilidades y causante de multitud de complicaciones nutricionales y respiratorias. En su tratamiento, es importante tener en cuenta un enfoque multidimensional”, explica el Dr. Pere Clavé, jefe de la Unidad de Exploraciones Funcionales Digestivas y Director Científico del Hospital de Mataró.

 

 

La disfagia orofaríngea es uno de los síntomas más frecuentes y potencialmente mortales asociados a trastornos neurológicos

 

Las recientes Guías de la ESPEN sobre la Nutrición Clínica en el paciente neurológico confirman que la disfagia orofaríngea es uno de los síntomas más frecuentes y potencialmente mortales en los trastornos neurológicos. Estos pacientes tienen un riesgo tres veces mayor de desarrollar neumonía por aspiración y la estancia hospitalaria y mortalidad son significativamente mayores que en pacientes con accidente cerebrovascular sin disfagia[iii].

 

Tal y como destaca el Dr. Clavé, “es importante asegurar un buen tratamiento nutricional en los pacientes con disfagia, entre ellos, una dieta personalizada con texturas concretas y un aporte calórico, proteico e hídrico adecuado. Esto se consigue mediante la triple adaptación de la dieta: a) adaptación de la textura de los sólidos y de la viscosidad de lo líquidos; b) adaptación del contenido calórico y proteico; y c) palatabilidad, gusto y sabor para proporcionar calidad de vida. El uso de espesantes y suplementos con la adecuada viscosidad para pacientes con disfagia contribuyen a disminuir el riesgo de broncoaspiración y garantiza una deglución segura”.