La productividad académica de las mujeres en la universidad es un 11,55 % mayor que la de los hombres, pero solo en el inicio de su carrera, cuando no tienen cargas familiares. A medida que pasa el tiempo, la mejora de calidad en su investigación y su respuesta a los incentivos se ralentiza y su productividad pasa a ser un 7,26 % inferior en comparación con la de los hombres, según el estudio Un nuevo enfoque de aprendizaje automático para la evaluación de políticas públicas: una aplicación en relación con el desempeño de los investigadores universitarios, liderado por María Teresa Ballestar, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora en ESIC Business & Marketing School. Ballestar y Jorge Sainz, investigador en la Universidad de Bath y profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), han recibido un premio de investigación de la editorial Elsevier por este artículo, que será publicado en la revista holandesa Technological Forecasting and Social Change.

Así, según revela este estudio con datos recogidos del informe Datos y cifras del sistema universitario español 2018-2019, el número de mujeres en puestos de ayudante de doctor es ligeramente más elevado que el de hombres (50,4 %). Por el contrario, las catedráticas solo suponen el 21,3 % del cuerpo funcionarial. «A medida que asciende el escalafón académico, las mujeres se van quedando rezagadas y pocas llegan a la cátedra», denuncia Ballestar.

«No estamos hablando de un techo de cristal, sino de un techo de hormigón», explica Ballestar. Según el estudio, las mujeres son más dinámicas en investigación «desde que comienzan hasta bien entrada la treintena, cuando los contratos son más inestables». Después, «y probablemente debido a las cargas familiares, la tendencia creciente en su productividad se ve mermada. Mientras que en el ámbito del acceso no hay tanto problema para las mujeres, sí lo hay para la promoción, porque llega un momento que no pueden competir en condiciones de igualdad por esas responsabilidades. La elección para muchas de las investigadoras consiste en seguir progresando o dedicar tiempo a la familia, y aunque en los últimos años se han tomado medidas en ese ámbito, todavía queda mucho por hacer», dice.

«Aún nos queda mucho trabajo por hacer para lograr una situación de igualdad en el ámbito de la investigación y el sistema universitario; sin embargo, nuestra visión y mensaje es optimista», dice Ballestar. «Estamos dando los primeros pasos de mejora, que consisten, por una parte, en el reconocimiento y la difusión de la existencia de esta desigualdad, y, por la otra, en la concienciación de la necesidad de trabajar en el diseño e implantación de planes específicos que contribuyan a un sistema más igualitario y, en consecuencia, también más diverso y productivo», concluye.

La UOC puso en marcha el Plan de igualdad efectiva entre mujeres y hombres en la UOC 2015-2019, que ha provocado, según el informe Diagnóstico de la igualdad de género en la Universitat Oberta de Catalunya, «una serie de mejoras y ha hecho aumentar el compromiso de la institución en relación con la aplicación de las políticas de igualdad y el fortalecimiento de las estructuras que garantizan la aplicación de estas políticas».

La ceguera de género. Estrategias para promover la igualdad 

«La perspectiva de género es un elemento clave de la calidad en la educación superior, y la incorporación de esta perspectiva en la docencia universitaria es uno de los puntos centrales de las políticas de igualdad de género en el ámbito universitario», dice Nati Cabrera, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC y organizadora de la jornada Perspectiva de género en la evaluación de la calidad universitaria: un reto (no) resuelto, cuyo objetivo es profundizar en la integración de la perspectiva de género en los procesos de evaluación de la calidad universitaria, identificando temas clave y buenas prácticas.

«La ceguera de género es la falta de reconocimiento de que los roles y las responsabilidades de las mujeres/niñas y los hombres/niños se les atribuyen o se les imponen en contextos sociales, culturales, económicos y políticos específicos. Y la docencia universitaria también se ve afectada por esta ceguera, que generaliza los fenómenos estudiados a partir de las experiencias de los hombres, invisibiliza a las mujeres o realiza una falsa representación del comportamiento, las actitudes y las necesidades de las mujeres», denuncia Cabrera.

Eliminar los estereotipos de género de los libros de texto, incluir los derechos de las mujeres en los planes de estudios y en los programas académicos o promover la igualdad de género en la formación profesional del profesorado son algunas de las «medidas clave para evitar que la implantación de la perspectiva de género no quede relegada a un segundo plano y a una simple operación de maquillaje», explica la profesora Nati Cabrera.

Pero para acompañar con éxito el proceso de incorporación de esta perspectiva, «resulta necesario, por un lado, que el personal docente tome conciencia de las desigualdades de género mediante la participación en espacios de reflexión y debate, y, por el otro, desarrolle competencias de género que contribuyan positivamente al logro de esta igualdad mediante la formación continua y actividades formativas puntuales», concluye.

Nati Cabrera considera que «nos queda un largo camino por recorrer, pero si conseguimos que los cimientos sean sólidos, será cuestión de ir construyendo la igualdad entre todos y todas, poco a poco. La clave del éxito será, sin duda, que seamos capaces de entender que la integración de la perspectiva de género puede beneficiar a las personas como individuos y a la sociedad como colectividad inclusiva y respetuosa con las diferentes identidades».

Las expertas

699d52df-8db8-4090-9cad-ec05c985f444.jpg Nati Cabrera
Profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación
699d52df-8db8-4090-9cad-ec05c985f444.jpg María Teresa Ballestar
Profesora de los Estudios de Economía y Empresa