Paulo Fontán tiene 34 años. En su adolescencia sufrió un accidente de tráfico y quedó tetrapléjico. Sin autonomía para ir al baño, ni asearse o comer, este pontevedrés ha renacido con la figura de un asistente personal que le ayuda cada día con esas tareas y, además, le procura «una vida social más allá de sus familiares». En su caso, es un gran dependiente (grado III de la ley) y es una de las 114 personas que en este momento reciben el apoyo destinado por el Gobierno regional para esta figura, a pesar de que ya la reconoció y recogió la norma estatal, la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, en 2006. En trece años, cada autonomía ha ido por libre en la regulación de un recurso que las asociaciones del colectivo ven «vital» para que la persona con discapacidad adquiera una vida independiente. En las últimas semanas, el Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales parece interesado en armonizar esta prestación en el conjunto del Estado y ha puesto un borrador sobre la mesa que despierta más de un recelo en las comunidades… Más