Madrid acoge durante las dos primeras semanas de diciembre la Cumbre del Clima (COP25), un evento en el que se reúnen más de 200 países para encontrar soluciones que contrarresten los efectos del cambio climático. Entre ellas se incluye la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. 

Es este, sin duda, un buen momento para poner de nuevo sobre la mesa que la industria textil sigue siendo en la actualidad una de las más perjudiciales para el medio ambiente. Somos muchos los que desde hace años reclamamos la necesidad de realizar cambios en los procesos de producción y consumo. La necesidad de contar con productos nuevos prácticamente cada semana, excedentes de mercancía y un cliente cada vez más exigente han terminado por acelerar los procesos de producción con lo esto conlleva en consumo de energía.

Industria sostenible

Campañas como “¿Quién hace mi ropa?”, iniciativa de Fashion Revolution tras el derrumbamiento del edificio en Rana Plaza de Dhacca Blangladesh donde murieron 1138 personas, han logrado abrir los ojos a una gran parte de la población. El objetivo de este tipo de iniciativas es concienciar a comercios y fabricantes sobre la necesidad de realizar una reforma en la cadena de distribución de la moda. Y es que hoy en día la industria textil es una de las más contaminantes. El consumo elevado de energía y agua, sumado al elevado uso del transporte de este sector para mover mercancía aumenta los índices de contaminación de este sector.

La alta contaminación está estrechamente ligada a los altos ritmos de producción. La denominada como fast fashion ha obligado a acelerar los procesos en todas las fases de producción. Desde las fábricas, que ya no sólo deben adelantarse en cuanto a las temporadas sino también respecto a la climatología, hasta la venta final. Todo el ciclo se ve afectado. Como hemos recalcado en multitud de ocasiones, el cambio climático afecta enormemente a ese sector cuyas ventas, hoy en día, están condicionadas directamente por la temperatura. A esto hay que sumarle la necesidad del consumidor de contar con las prendas de manera inmediata en tienda. Si hay algo que es tendencia, el cliente necesita poder adquirirlo cuanto antes. Esto obliga a los comercios a renovar su oferta prácticamente semanalmente. 

Solucionar el problema de la mercancía sobrante

De esta manera, es muy complicado que las tiendas puedan llegar a vender toda la mercancía lo que deriva en otro de los grandes problemas del sector de la moda: la mercancía sobrante. Es por ello que muchas tiendas han decidido poner en marcha campañas de promoción a mitad de temporada para poner en circulación este stock viéndose obligados a vender sus productos a un precio inferior de su valor para recuperar, al menos, parte de la inversión inicial. Estos periodos de bajadas de precios terminan por condicionar las compras de los clientes, que esperan a este tipo de promociones para renovar su armario. De esta manera, el sector entra en un bucle que termina por afectando directamente a las ventas.

Educar al consumidor

Los consumidores han asumido como natural este ritmo de mercado en el que las tiendas actualizan sus productos diariamente. Por ello, esperan encontrar prendas nuevas continuamente y, a su vez, esperan a los periodos de promociones que mencionaba anteriormente para adquirirlos. La demanda de productos nuevos de manera continua obliga a las fábricas a acelerar sus procesos de producción lo que en muchos casos deriva en productos de menor calidad, que se estropean con mayor facilidad. Es importante que los consumidores lleven a cabo un proceso de reeducación en el que aprendan a consumir menos, pero mejor.

También es fundamental para el sector que, a la vez que se desarrollan procesos de producción más rápidos, se trabaje en la creación de materiales que garanticen una buena calidad y que sean duraderos en el tiempo. De esta manera, podremos frenar la sobreproducción en el sector textil.

Vivimos en un periodo de evolución continua en el que es necesario que todos los eslabones del sector nos adaptemos a los nuevos cambios. El sector está viviendo una nueva revolución industrial en el que la sostenibilidad debe ser un requisito imprescindible. Por tanto, es tarea de todos concienciarnos de que es necesario un cambio en los hábitos de consumo y de producción para salvaguardar uno de los sectores más prometedores de la economía de nuestro país en el que hay más de 20.000 compañías de textil, confección y calzado.

Montserrat Gallego

Presidenta del Triángulo de la Moda