Una cicatriz, que es la señal tras la curación de una herida o una intervención quirúrgica, puede, en algunos casos, suponer el principio de un problema emocional para quien la tiene, en función de su localización, tamaño o forma. Así lo destaca la Dra. Carmen Iglesias, del Servicio de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora del Hospital Nuestra Señora del Rosario, quien recuerda que “la cicatrización es un proceso largo, que se prolonga durante 12-18 meses, en el que precipitarse no ayuda a conseguir los mejores resultados”.

 

Como explica la especialista, al ser un proceso activo, la cicatrización presenta varios tipos: la normal, que es aplanada, comienza enrojecida y toma posteriormente el color normal de la piel; y la anómala o patológica, cuyo origen puede estar tanto en la forma en la que se originó la herida o su localización, como en una predisposición natural de la piel a este tipo de cicatrización. En este caso, puede provocar cicatrices hipertróficas, queloideas, atróficas, discrómicas, etc.

 

“También puede suceder que las cicatrices sean dolorosas porque atrapen algún nervio, o bien pueden limitar la movilidad de una articulación porque se hacen retráctiles”, apunta la Dra. Iglesias, que pertenece al equipo del Dr. Antonio de la Fuente.

 

Evolución de las cicatrices en el tiempo

Durante el periodo de maduración de la cicatriz hay que evitar la exposición solar. Esto es especialmente importante en los primeros seis a ocho meses tras el cierre cutáneo.

 

“La hidratación es otra de las medidas para ayudar a la cicatrización. Los apósitos de silicona suelen emplearse desde el cierre cutáneo hasta los ocho meses. Su uso debe ser metódico y prolongado para poder comprobar su eficiencia. Los masajes y el tratamiento con radiofrecuencia también son útiles en esta fase”, abunda la cirujana, quien comenta que “solo pasados los 10 primeros meses, y cuando la cicatriz ha dejado de variar, se pueden empezar a considerar otros tratamientos médicos”.

 

Tratamientos quirúrgicos y no quirúrgicos

Si una persona decide tratarse la cicatriz, pasado el tiempo señalado, son varios los procedimientos no quirúrgicos que recomienda la Dra. Iglesias: la inyección intralesional de corticoides, la dermoabrasión, los peelings, el láser en sus distintas variedades, la terapia fotodinámica, la toxina botulínica, el plasma con factores de crecimiento, el imiquimod y productos antiinflamatorios.

 

Si se da el caso de que, a ojos del paciente, las cicatrices ya maduras siguen siendo poco estéticas, debe valorarse la cirugía sobre las mismas. Al respecto, la especialista apunta:

 

  • Elegir el momento es muy importante. La cicatriz debe estar deshinchada, de coloración normal y blanda (hecho que sucede alrededor de los 12-18 meses).

 

  • Evaluar el método quirúrgico más adecuado: la resección con despegamiento de la profundidad, el relleno con injertos de grasa o los colgajos locales.

 

  • Si las cicatrices son grandes, es necesario planificar una escisión secuencial o bien la cirugía en dos tiempos, usando en el primero un expansor de la piel.

 

  • Si las cicatrices son lineales y atraviesan las arrugas normales de la expresión, deben alargarse, haciéndolas zigzagueantes y menos evidentes.

 

Por último, la Dra. Iglesias recuerda que tras la cirugía se deben seguir los mismos cuidados que al principio: protección solar, hidratación, masajes, apósitos de silicona y evitar el consumo de tabaco.