Los trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos (TCA) están motivados por un comportamiento patológico frente a la toma de alimentos y una obsesión por el control de peso y la imagen corporal, acompañados de una percepción distorsionada de la misma. En este sentido, desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN)recuerdan que son trastornos de origen multifactorial (biológico, psicológico, familiar y sociocultural) y que la pauta para que sean considerados como tal es que se trate de un comportamiento prolongado en el tiempo, que cause un daño significativo a la salud y/o capacidad física y que repercuta, además, en las relaciones sociales de la persona que lo padece.

 

Los TCA “suponen la tercera enfermedad en frecuencia, tras el asma y la obesidad, entre las adolescentes, y la alteración psiquiátrica más común en mujeres jóvenes”, ha destacado Ana Zugasti, vocal del área de comunicación de la SEEN, quien añadió que la mortalidad relacionada con estos trastornos, la tendencia a la cronicidad, la alta comorbilidad con otros desórdenes psiquiátricos y médico- somáticos, así como su frecuente resistencia al tratamiento “convierten a estos trastornos en un problema de salud pública”.

 

Así, en la última actualización del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales  (Diagnostic and Statiscal Manual of Mental Disorders, DSM por sus siglas en inglés), recuerda Zugasti, se han incluido algunos trastornos relacionados con la alimentación que antes formaban parte de los “trastornos de inicio en la infancia, la niñez y la adolescencia”. De esta manera se refiere a la rumiación (enfermedad en la que las personas devuelven – regurgitan – del estómago los alimentos no digeridos o parcialmente digeridos de manera repetida e involuntaria, los mastican de nuevo y luego los vuelven a tragar o los escupen), pica (trastorno alimentario caracterizado por la ingesta regular de cosas que no son alimentos, como pueden ser: papel, barro o cabello, entre otros) y trastorno de restricción y/o evitación. Sin dejar a un lado diagnósticos como la anorexia nerviosa (AN), la bulimia nerviosa (BN) y el trastorno por atracones (TA).

 

Desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición han hecho hincapié en el relevante papel de la especialidad en la “evolución clínica de los pacientes”, dado que “pueden llegar a tener gran repercusión en la salud y en el pronóstico, y que justifican una valoración detallada por parte de los especialistas del área”.

 

 

Abordaje, seguimiento y afecciones de los TCA para la salud

 

Cuando a un paciente se le diagnostica TCA éstos pueden presentar “diversas complicaciones médicas, con importante riesgo de morbimortalidad”. Lo que significa para los expertos en Endocrinología y Nutrición: “un gran reto, dado que los resultados que se obtienen distan mucho de ser los deseables”, ha firmado Ana Zugasti. Y, por ello, ha recordado la doctora, “Precisan de la intervención coordinada de equipos multidisciplinares con seguimiento a largo plazo en la mayoría de los casos”.

 

En el abordaje de los pacientes, han insistido desde la SEEN, es fundamental la “individualización del tratamiento” e “indispensable” llevar a cabo un enfoque “multidisciplinar y especializado”. Por ello, “lo ideal es realizar una valoración y seguimiento por parte de una Unidad Multidisciplinar Especializada”.

 

En España únicamente el 30.4% de los hospitales de >500 camas disponen de una Unidad Multidisciplinar para la valoración y tratamiento de trastornos de conducta alimentaria con participación de un especialista en endocrinología y nutrición (en centros de menos de 500 camas, solo el 9.5%), según datos del estudio RECALSEEN.