A lo largo de la estación invernal se producen alteraciones climatológicas típicas de esta época como son el descenso de temperaturas o la proliferación de los días de viento. En ambos casos, se trata de factores que afectan negativamente a las zonas del cuerpo que se encuentran expuestas de forma continuada a estas circunstancias y que se deben proteger especialmente.

 

Una de las zonas que, por su sensibilidad, requiere de precauciones especiales son los ojos. “Las bajas temperaturas estimulan la secreción de la lágrima y por eso nos lloran los ojos cuando hace frío. Pero este mismo frío también puede provocar irritación o incluso escozor. Aparece entonces el picor o quemazón, la visión borrosa o incluso la sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo”, apunta el Dr. Emilio Dorronzoro, jefe de Oftalmología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

 

Otra de las consecuencias derivada de la caída de los termómetros y que guarda una relación directa con la vista es que se produce una peligrosa relajación respecto a la exposición de los ojos a la luz del sol. “Es común en la época invernal que, ante la ausencia de calor, se diluya la percepción del riesgo que conlleva exponer los ojos a la luz solar sin utilizar gafas de sol”, advierte el especialista.

 

Ante ello, y con el objetivo de evitar posibles lesiones, recomienda su uso durante todo el año y, en especial, en zonas de nieve y montaña. “La sobrexposición a los rayos UV no es un problema estacional, por lo que los ojos deben estar protegidos en todo momento. Especialmente, en lugares donde las condiciones son más extremas, como la montaña, pueden aparecer quemaduras en las estructuras más externas del ojo, lo que puede producir inflamación y enrojecimiento, empeorando estos síntomas de sequedad ocular”, explica.

 

Para evitar todos estos riesgos, Dorronzoro aboga por la prevención y una serie de sencillos consejos que ayudarán a mantener los ojos protegidos e hidratados.

 

  • Parpadear voluntariamente para estimular la producción de lágrimas.

 

  • Utilizar gafas los días de sol y viento para evitar la evaporización de la lágrima.

 

  • Aplicación de lágrimas artificiales para preservar la humedad de la zona ocular.

 

  • En caso de sentir un objeto extraño, lavar con suero fisiológico evitando frotar la zona.

 

  • En lugares cerrados y con calefacción, utilizar humidificadores para evitar la sequedad.

 

En caso de que la sequedad o molestia persista, conviene siempre acudir a revisión a la consulta de un especialista para descartar posibles infecciones.