La crítica situación actual ha puesto uno de nuestros focos de atención en las personas mayores. En los últimos días, escuchamos múltiples medidas dirigidas al cuidado de nuestros mayores, todas ellas en beneficio de las personas en su individualidad, pero también de la sociedad en su conjunto. No cabe duda de que (afortunadamente) nos estamos uniendo para luchar contra el COVID19, aflorando múltiples iniciativas dirigidas a ayudar a nuestros mayores. Sin embargo, no debemos olvidarnos de ellos cuando todo esto pase. De hecho, la situación actual está haciendo explícitas muchas ideas a las que es necesario prestar atención para que no caigan en el olvido cuando todo vuelva a la normalidad.

En esta situación (posiblemente de manera involuntaria) afloran múltiples ideas edadistasque, desafortunadamente, nos vienen demasiado arraigadas. Todos habremos escuchado con un alivio preocupante aquello de: “solamente personas con patologías previas, inmunodeprimidas o mayores de 75 tienen un riesgo elevado de muerte”. Ojo, solamente…Como si por ser mayor de “x” edad el derecho a la vida fuese menos derecho. Ellos, mayores de 75, quienes han hecho posible que hoy dispongamos de un sistema de sanidad pública que evita que la versión más agresiva del virus “solo” les afecte a ellos. Ellos, mayores de 75, padres de médicos y enfermeros/asque hoy se hacen cargo de sus nietos permitiendo que sus hijosluchen contra el virus en primera línea de batalla. Pero no solamente lo hacen en estos momentos. Son ellos quienes en la crisis económica de 2008 fueron el sustento de muchas familias, quienes en su juventud construyeron gran parte de los cimientos que hoy nos sustentan. 

Podríamos seguir línea tras línea enumerando todas las contribuciones de nuestros mayores (pasadas, actuales y futuras). Pero no se trata solo de poner en valor lo mucho que les debemos, se trata más bien de verlos hoy como lo que son: personas con derechos, deseos, sueños, anhelos, metas y un largo etcétera. Parece que esto se olvida propiciando que, en ocasiones,actuemos con nuestros mayores en base a este olvido. 

Por otro lado, es meritorio mencionar a aquellos mayores que se encuentran en centros residenciales. Evidentemente, la situación de vulnerabilidad es mayor en estos casos y pese a que la salud de estas personas y sus cuidadores es la máxima prioridad, no debemos olvidar tampoco sus deseos en virtud de su calidad de vida. Afortunadamente, en muchísimos centros residenciales se está trabajando de manera admirable en este sentido. Pongamos por ejemplo los sistemas de videollamada que permiten que la persona mayor esté en contacto diario con sus familiares y amigos. Pese a ello, hace unos días escuchaba a un representante político mencionar que se estaban recibiendo quejas por parte de algunos familiares de residentes mayores porque solamente se les permitía que una persona de referencia hablase una vez al día con el mayor. Manifestaba que entendía la reivindicación de estos familiares, pero que debido a las circunstancias era suficiente con que uno de ellos tuviese contacto con la persona mayor e informase al resto de interesados. Se consideraba que las necesidades de la familia estaban cubiertas. Sin embargo, ¿Alguien se ha planteado las necesidades de la persona mayor?¿Alguien le ha preguntado con quién quiere hablar?¿Alguien se ha parado a pensar en lo que la persona mayor desea? Desafortunadamente, seguimos dando por supuestas sus necesidades. Seguimos conociendo mejor que ellos lo que les conviene. Seguimos decidiendo por ellos, sin preguntar.

No hay duda alguna del trabajo titánico realizado por los centros residenciales, desde cualquiera de los modelos de atención. Sin embargo, cabe destacar aquellos centros en cuya filosofía impera que la persona mayor debe ser el centro. Me refiero a aquellos centros cuyo modelo sigue un enfoque de Atención Centrada en la Persona. Las bases de este enfoque se basan en que las intervenciones en centros y servicios de mayores se orientan a la persona como eje central de la organización. Este modelo integra distintas maneras de entender y organizar la acción profesional, persiguiendo la mejora en la calidad de vida de las personas, estipulando como objetivo y prioridad principal de la actuación profesional promover la autonomía y el bienestar de la persona mayor. Autonomía y bienestar en los cuales la persona mayor decide, elige, opina y participa de su propio cuidado.

Este es un enfoque principalmente dirigido a la gestión de centros residenciales, sin embargo, en mi opinión, debería ser más la moldura de las gafas a través de las cuales deberíamos ver a nuestros mayores, siempre.

Dra. Iraida Delhom Peris. Directora Máster Universitario en Gerontología y Atención Centrada en la Persona de la Universidad Internacional de Valencia.