La vida da muchas vueltas, es frecuente de oír. Y con el tiempo descubres que frases como esta y otras similares, cuya repetición las hace de algún modo populares, son verdad.

 Recuerdo en mis años mozos, que muchas de las personas mayores que había a mi alrededor, permanecían activas pese a estar jubiladas. Se levantaban temprano, ayudaban en las tareas del campo y formaban una parte muy precisa del tejido social.

    Recuerdo a mis abuelos siempre activos (mi abuela era la primera en levantarse, preparar la colada, iniciar el desayuno, tender la ropa y organizar antes de que todos se levantasen) y a mis tíos abuelos, que montaban incluso en bicicleta ya en avanzada edad y que resultaban un ejemplo para el pueblo, que en su nombre celebran todavía hoy el día del pedal.

  Ahora, en plenos años de la tecnología avanzada (que hace personas propensas al sofá), tenemos que estar recordando continuamente que la actividad es vital para nuestro organismo.

  El peligro del sedentarismo no solo se da en los mayores, sino en jóvenes e incluso en los niños. Y esto, ya determina en mayor o menor medida, su grado de actividad con el paso de los años.

  Tener una vejez activa, tener una vida activa, es cuestión de voluntad, una voluntad centrada en la dinámica de la acción. Cada día es una nueva oportunidad, un soplo de viento distinto. Y si queremos llegar a la meta soñada, es preciso que cada empuje del viento nos coja al timón de este barco que hemos elegido para viajar por este mundo y en esta vida. Si no estamos despiertos, ese barco está destinado a zozobrar o quedarse en cualquier escollo del camino.

  Hemos de saber que tanto la televisión como internet, son solo instrumentos de entretenimiento que nos pueden dar buenos ratos de ocio, e incluso brindarnos cierto conocimiento, siempre que los utilicemos de manera prudente. Dedicarles más de algunas horas al día, es contraproducente y desde luego nocivo. Nuestro tiempo es en suma valioso, y hemos de ocuparlo en mil cosas al día para mantener activo nuestro cerebro, la capacidad de pensar, razonar y hacerlo con convicción.

  Hay mucho que podemos hacer, cualquier pequeña tarea por insignificante que parezca, nos va dar un estímulo que precisamos, tanto a nivel orgánico como anímico. El tiempo transcurre y pasa tan rápido, que cuanto dejamos pasar, muy raramente vuelve. Por lo tanto, mientras nos quede un hálito de vida, mientras la sonrisa brille en nuestros labios, aún nos queda un baile, una última danza, antes de entregarnos a lo infinito.

Antonio Quero

Enviado por José Antonio Sierra