La debilidad es como una diana donde todos los dardos buscan clavarse. En toda circunstancia se dan debilidades y hacia ahí van dirigidas las flechas de los desalmados.

Con los débiles hacen su agosto los que se llaman a sí mismos: fuertes. 

Esta pandemia está demostrando tener una gran debilidad: los viejos. Son los mayores quienes por su edad y estado están en su punto de mira constantemente.

Los mayores, que hace tan sólo dos meses protestaban en la calle reclamando los derechos cada vez más recortados; los que voceaban de modo continuo: “No hay pan para tanto chorizo”, ya no gritan en las calles, ahora están en su casas, sumisos y asustados. Eso, si no mueren en las residencias privadas con más celeridad de lo acostumbrado.

Hace nada, la vida activa en la vejez, era una prioridad máxima, hoy es la mínima expresión de los mayores.

Comienza la desescalada, desde el 2 mayo hay unas horas para poder salir y pasear, nada del otro mundo, paseos cercanos. Pero, los mayores, la gran mayoría con patologías crónicas, más o menos graves, no podrán salir, sobre todo en las residencias. 

Los mayores en las residencias ya están limitados de por sí, y en estas circunstancias ni siquiera han podido ser visitados por sus familiares, ni poco ni mucho, nada. Y encima esto, que viene a  limitarlos todavía más, coartando todas sus libertades. Si salen,  pueden exponerse a ser contagiados, si no salen, se morirán sin duda  de depresión, de desgana, de apatía y de aburrimiento. En cualquiera de los casos los mayores son el centro y diana de esta pandemia y como dije al principio, todas las flechas apuntan de una forma directa y sin preámbulos a ellos.

Antonio Quero

Presidente de la Federación Provincial de Mayores de Málaga

FEPMA

Enviado por José Antonio Sierra