Es mayo, y parece que el buen tiempo ha llegado para quedarse durante unos meses. Si a esto le unimos que en muchos territorios del país podemos salir a terrazas, a pasear o hacer deporte bajo el sol, nos encontramos en un momento en el que, tras varias semanas encerrados en casa, la protección ante los rayos solares se hace imprescindible. 

La sociedad está muy concienciada sobre los efectos dañitos que la exposición solar prolongada puede tener sobre nuestra salud y nuestra piel. Sin embargo, hay muchos hábitos que no nos hemos acostumbrado a adoptar, como puede ser la protección en la ciudad -muchas personas siguen considerando que la protección solar es para la playa y la piscina-, o el cuidado con determinadas zonas de nuestro cuerpo.

Una de esas zonas, tal y como nos recuerda el Dr. Javier Pedraz, director médico de Insparya Madrid, “es el cuero cabelludo, una zona que, exceptuando algunos casos, no ha estado expuesta tradicionalmente a los rayos solares, por lo que no ha acumulado sol y está más blanca. Es una zona que no estamos acostumbrados a proteger y que, como consecuencia, puede suponer un riesgo de padecer cáncer de piel”.

La gran mayoría de la gente ha pasado la mayor parte de su vida con el cuero cabelludo poblado de pelo, por lo que la zona se encontraba protegida de forma natural. Sin embargo, la aparición de cualquier tipo de alopecia, deja esa zona desprotegida de esa barrera natural, y es necesario proporcionar una barrera externa que bloquee esos rayos solares.

Gente que ha perdido pelo, o gente que tiene poca cantidad, que tiene un pelo ralo, difuso, no tienen una costumbre de proteger esa zona. Un problema al que también se enfrentan aquellas personas que, durante el confinamiento, han visto cómo la ansiedad o el estrés han provocado que su densidad capilar disminuya.

Es necesario tomar conciencia de que el cáncer de piel aparece por la exposición prolongada al sol. A pesar de que no hay estudios que puedan determinar cuánto tiempo transcurre hasta que aparece esta enfermedad, no debemos olvidar que “la piel tiene memoria”, y que el tiempo de exposición solar se va acumulando a lo largo de los años. Hay que tener en cuenta también el fototipo de la persona, como el Dr. Pedraz indica: “Las pieles blancas tienen más tendencia a desarrollar esta patología que las pieles morenas, ya que estas últimas cuentan con una protección natural contra el sol por la propia pigmentación de la piel”.

El cáncer de piel más frecuente es el epitelioma o carcinoma basocelular, y el segundo más común es el carcinoma espinocelular. El Dr. Pedraz explica que “ambos suelen aparecer en personas de edad avanzada porque están relacionados con una exposición prolongada a lo largo de los años”. Este tipo de enfermedad tiene un tratamiento quirúrgico, y como siempre se dice, es clave la detección precoz.

España tiene una alta tasa de cáncer de piel, ya que es un país que cuenta con muchas horas de sol a lo largo del año, y como sociedad, estamos muy habituados a la vida en exteriores. Sin embargo, el país con una mayor tasa de incidencia del cáncer de piel es Australia, ya que a las horas de sol y los hábitos sociales -tienen costumbres vinculadas también a la vida en exteriores- hay que sumar que gran parte de su población es de origen británico o irlandés, con pieles muy blancas.

Para proteger el cuero cabelludo del sol, el Dr. Pedraz afirma que “hay que tener en cuenta que los métodos más efectivos son las protecciones físicas: gorras, sombreros o pañuelos. El trasplante de pelo es también una de las formas más eficaces de devolver a la zona la protección natural”. Es también aconsejable el uso de cremas solares, aunque “hay que tener en cuenta que estas no llegan a proteger al 100%, por lo que, aunque sea poco, la zona va a seguir expuesta a los efectos dañinos del sol”.