EL MALTRATO DE LA VERGÜENZA

Prácticamente a diario nos encontramos con tristes noticias que tienen algún tipo de maltrato como hilo conductor de actos despreciables: maltrato machista, maltrato a personas mayores, maltrato infantil, maltrato por cuestiones de raza, o en otro orden de cosas, maltrato medioambiental, maltrato animal y un largo etcétera que refleja la turbulenta relación entre persona maltratadora y maltratada. El hecho de que haya políticas específicas para intentar erradicar el maltrato en cualquiera de sus formas no es óbice para que, tras la reprobación social de los actos, se vuelva a la apatía y al desinterés.

Poca gente conoce el caso de Eusebio y Alicia, dos octogenarios aragoneses de Ejea de los Caballeros que han aparecido muertos en soledad. Nadie se percató de ello hasta pasados varios días. Cuando se descubrieron los cadáveres, la primera impresión se centró en violencia de género por el desorden en torno al cuerpo de él, un fluido que parecía sangre y otros indicios que podían sugerir algún tipo de acto violento. Sin embargo, pruebas forenses más profundas han demostrado que no se trató de maltrato doméstico, sino del maltrato de la vergüenza: Eusebio, cuidador principal y único de su esposa Alicia con Alzheimer avanzado, falleció por causas naturales. Ella, incapaz de pedir ayuda al exterior, empleó sus últimas horas de vida en tratar de reanimar a su marido, sin conseguirlo durante aproximadamente cinco días, hasta que ella misma murió. Alicia falleció asiendo la mano de su esposo. Nadie puede imaginarse qué pensó en sus últimas horas, la angustia, el sufrimiento vivido, la impotencia de no ser capaz de hacer –literalmente- nada por su esposo, por ella, por pedir ayuda. Solo estar. Miedo.

Y aquí aparece otra forma de maltrato: el maltrato de una sociedad que mira hacia otro lado; el maltrato administrativo o político que tiene ojos sólo para alguna manera de maltratar; el maltrato de los sistemas públicos sociales y sanitarios incapaces de impedir que se produzcan casos como el de Eusebio y Alicia. En definitiva, el maltrato de la vergüenza que obvia casos que ningún país civilizado y desarrollado debería consentir.

Esta pareja octogenaria vuelve a ejemplificar el fracaso una sociedad, la nuestra, que se olvida de quienes la construyeron e hicieron posible, con su esfuerzo, que hoy todos nosotros podamos vivir como lo hacemos. No hablo solo de mayores ni de soledad no deseada. Hablo de ignominia, del maltrato de la vergüenza.