A tan solo 40 kilómetros de la capital de España, en el municipio de Villamanta, esta residencia de mayores es un ejemplo del esfuerzo y dedicación de un grupo de profesionales que han hecho posible el cuidado de los mayores en las situaciones más difíciles de la pandemia y así continúan desarrollando su labor con máximo esmero y trabajo bien hecho en este hogar de mayores.

Saray Gallego, directora del centro, ha redactado unas líneas de máximo reconocimiento a la labor de los profesionales, a modo de carta de agradecimiento para poner en valor su trabajo:

“En la Residencia Casaverde Villamanta todo continúa.

Su equipo, con el lema ´Seguir, Seguir y Seguir’, ha conseguido hacer de lo imposible una rutina. Hasta del miedo hicieron material de combustión para poder alcanzar la ansiada vuelta a la normalidad.

Los terapeutas se las ingenian para realizar sesiones que bien parecen costumbres de la niñez de los usuarios simulando ‘salir a tomar el fresco’ a sus puertas para participar en las terapias 

La fisioterapeuta ha ‘repartido’ el gimnasio por toda la residencia y no deja pasar ninguna oportunidad para que todos sigan activos, motivados y recuperándose. 

Médicos, enfermeros y auxiliares se han adaptado a una nueva situación en tiempo récord. Su esfuerzo todo la hace posible.

Ahora, hasta toman la temperatura a las familias, que con paciencia esperan su cita para las visitas a sus mayores. Todos se ayudan en sus funciones porque el objetivo es uno.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Reconocimiento sin duda a los departamentos de cocina, limpieza y lavandería donde no ha faltado destreza, apoyo, y como no podía ser de otra manera, extra de desinfección.

Quien le iba a decir a gente que nació en los años 30 que las videollamadas se convertirían en afecto, que tendrían que aprender el término abrazo virtual, y que usaríamos el ingenio para inventar 1000 maneras de hacer llegar amor a los demás sin ni siquiera rozarnos.

Esta es solo una de cientos de residencias donde se han unido, han luchado y lo han conseguido”.