Infogru00e1fico del informe de la fundaciu00f3n san rosendo

El 77 por ciento de los centros de la Fundación San Rosendo logró esquivar el COVID-19, según un gráfico de su autoevaluación

LOS CENTROS URBANOS PARECEN ESTAR MÁS EN RIESGO

Quizás la primera conclusión es que el COVID-19 tuvo una incidencia muy desigual. Dos residencias, Nuestra Señora de la Esperanza y Divino Maestro, sufrieron el 85% del total de los 278 contagios. 

Las dos están en entorno urbano, la capital de Ourense, lo que indica que, en términos generales, son las residencias urbanas las más expuestas, posiblemente porque también tienden a ser más grandes y a recibir por lo tanto más visitas.

Nuestra Señora de la Esperanza, en A Farixa, fue la más golpeada del país, con unos 140 residentes contagiados entre unas 176 plazas. ¿Cómo fue posible tal grado de incidencia?

Una de las conclusiones que saca San Rosendo de su evaluación es la importancia de realizar PCRs a tiempo. «La disponabilidad de pruebas diagnósticas (PCR …) y la consecuión de materiales para confeccionar EPIS son un elemento clave para poder actuar con eficacia», señala el informe.

Por ejemplo, el SERGAS detectó el primer positivo en Nuestra Señora de la Esperanza en torno al sábado día 21 de marzo. Saltó la alarma, pero la sanidad pública fue incapaz de hacer test masivos. En torno al 22 de marzo apareció otra docena de casos. No fue hasta quince días depués, en torno al 4 de abril, que hubo test masivos para todos los ancianos. Enonces fue cuando se detectó que el brote se había disparado por encima de la centena. Un atraso en la detención de casos que, al ser un virus capaz de contagiarse desde personas asintomáticas, es evidente que mermó la eficacia de la división de residentes en grupos y otras medidas adoptadas.

VIVIR EN UNA RESIDENCIA NO IMPLICA NO TENER DERECHO AL SISTEMA PÚBLICO DE SALUD

Afortunadamente, más del 94% de los 3.424 residentes  y 1.768 trabajadores del grupo no se contagiaron. Entre los que sí lo sufrieron, murieron 32 personas, lo que implica una tasa del mortalidad del 1,05%, mejor que la media gallega, del 1,37% .

Entre los fallecidos hubo 24 ancianos que murieron en la propia residencia, sin ser trasladados a un hospital

«Los centros de personas mayores y de discapacidad no son centros sanitarios, son recursos para atender las necesidades que las familias no pueden proporcionar en sus hogares», indican las conclusiones antes de recordar que «nuestros usuarios siguen manteniendo su derecho a la asistencia sanitaria, derecho que debe ser garantizado por el sistema público de salud».