Desde que inició la crisis sanitaria por la covid-19, HelpAge International ha estado trabajando para prevenir y denunciar los casos de discriminación contra las personas mayores en todo el mundo y ha observado ejemplos de medidas basadas en la edad en al menos 48 países. A medida que los países superan el pico de la pandemia, los gobiernos de todo el mundo están poniendo en marcha estrategias de flexibilización de las restricciones que están aumentando la discriminación de las personas mayores y, además, pueden poner en riesgo su salud y su seguridad.

Desde HelpAge International se recuerda que cualquier medida que se ponga en marcha para salir de la crisis sanitaria debe basarse en la evidencia científica y médica, no en la edad. Todas las medidas deben ser temporales y revisarse de forma periódica para que solo tengan vigencia cuando sean estrictamente necesarias y siempre deben respetar la legislación. Además, deben causar el mínimo daño posible para conseguir el objetivo de controlar y remitir la expansión del virus.

Sin embargo, en muchos países las estrategias para volver a la normalidad son mucho más rígidas con las personas mayores y están aumentando la discriminación por razón de edad. Por ejemplo, la red internacional de HelpAge ha señalado que, durante el desconfinamiento, en Filipinas no se ha permitido que las personas mayores de 60 años salgan de sus casas, tampoco en zonas de riesgo moderado y bajo. En Túnez y Azerbaiyán y en muchas áreas de Rusia también se ha prohibido a las personas mayores de 65 años que abandonen sus hogares. Además, las personas mayores de 60 años no pueden entrar en restaurantes de Dubai y Abu Dhabi ni centros comerciales de Abu Dhabi.

Contener la propagación de la covid-19 es fundamental, pero no podemos olvidarnos de que los largos períodos de aislamiento pueden ser dañinos para la salud mental y física de las personas mayores. Además, tal y como han indicado distintos estudios en todo el mundo, el confinamiento está incrementando el peligro de las mujeres que viven situaciones de género y de las personas mayores que sufren maltrato en el ámbito doméstico. Por otro lado, HelpAge International señala que muchas personas mayores han expresado que han tenido problemas para acceder a sus pensiones y tampoco han tenido la posibilidad de mantenerse económicamente a través del trabajo informal. 

Por otro lado, se han señalado problemas para acceder a medicamentos y tratamiento para enfermedades crónicas. En Gaza, donde la situación antes de la pandemia por covid-19 ya era muy difícil, muchas personas con problemas de salud crónicos no tienen la posibilidad de acceder a medicamentos o tratamientos. Según HelpAge International y El Wedad Society for Community Rehabilitation, con sede en Gaza, al menos 73 personas han muerto por falta de atención médica. Además, unas 1200 personas no tienen acceso a la atención médica que necesitan debido a las restricciones de desplazamientos por la covid-19 o porque se está dando prioridad a las personas con covid-19. Es esencial que las restricciones para controlar el virus tengan en cuenta las necesidades específicas de todos los grupos de población y tengan especial atención a aquellas personas con mayor riesgo y vulnerabilidad. 

Si bien las medidas basadas en la edad se utilizan en todos los ámbitos de la vida, desde que comenzamos la escuela hasta que podemos reclamar una pensión, las normas que restringen los derechos humanos de las personas mayores, en comparación con las personas más jóvenes, son discriminatorias. Además, señalar a las personas mayores incrementa su estigmatización y refuerza el estereotipo de que las personas mayores son débiles y vulnerables. La realidad, sin embargo, es muy diferente. Las personas mayores desempeñan funciones esenciales en nuestra sociedad y pueden, junto con todas las demás personas, ser parte de la solución para reducir la propagación de la pandemia, sacarnos del confinamiento y apoyar a quienes han contraído el virus.

Restringir sus movimientos no puede ser la estrategia para contener la propagación del virus. Por ejemplo, muchas personas mayores viven con familiares más jóvenes que no deben seguir las mismas restricciones, por lo que las personas mayores también podrían contraer el virus dentro de su hogar. Por ello, se deben encontrar estrategias alternativas para que salir de confinamiento no suponga un riesgo, como el reinicio gradual de algunas actividades y sociales que no impliquen demasiada interacción social, ni donde haya reuniones de grandes grupos de personas. Además, se debe asegurar el lavado de manos, el uso de mascarillas, el distanciamiento físico y la limpieza de todos los espacios utilizados. También debe aumentarse el número de pruebas realizadas y garantizar que la información sea accesible para que cada persona sea capaz de evaluar su propio riesgo en todo momento.

Esta pandemia ha demostrado el peligro de no proteger los derechos humanos de las personas mayores. Debemos asegurarnos de que se respete el derecho de todas las personas a no ser discriminadas ahora y en el futuro.