Desde hacer pruebas PCR periódicas a todos los profesionales y residentes, hasta dejar habitaciones vacías por si se produjera un caso de contagio o sectorizar el centro en grupos reducidos; BETULA ALBA, centro residencial de referencia para gente mayor de Almacelles, afronta la llegada del otoño con un exhaustivo plan de medidas para proteger y evitar los contagios entre la gente mayor que vive allí y los profesionales que trabajan. La dirección del centro se mantiene optimista después de recibir los resultados de las últimas pruebas diagnósticas PCR, realizadas la semana pasada, y en la que todas las personas analizados han dado negativo en el virus.  

Cristina Vendrell, fundadora y directora de la residencia, afirma que el equipo humano se ha involucrado desde el primer momento para garantizar la salud y el bienestar de las personas mayores, y que se ha actuado en todo momento con responsabilidad y con la máxima agilidad posible. De hecho, según explica Vendrell, desde el 12 de marzo, antes de que se decretara oficialmente el estado de alarma, la residencia ya aplicaba la mayoría de las medidas de seguridad e higiene que se recogen en el Plan de contingencia que la Generalitat de Cataluña ha elaborado.  

Ante las críticas generalizadas que ha recibido el sector durante la crisis del coronavirus, desde BETULA ALBA, sostienen que “se han criminalizado las residencias y no se ha reconocido lo suficiente la labor de los profesionales que están cuidando a nuestros abuelos”. Asimismo, Vendrell insiste en el hecho de que las residencias no son centros de salud ni hospitales, sino espacios para vivir y que, en caso de que se produzcan contagios, “las personas deben ser trasladadas a un hospital, de la misma manera que se haría si vivieran en sus casas”.  

La comunicación con las familias, una prioridad

Mantener a los familiares informados en todo momento y explicar a los mismos residentes la situación global derivada de la Covid-19, ha sido una prioridad para el centro, que puso a disposición de los usuarios tabletas para poder realizar videoconferencias semanales, además de habilitar un canal de comunicación permanente con los familiares para informar de la situación de la residencia. 

Desde BETULA ALBA, se explica que el segundo confinamiento que se vivió a consecuencia de los brotes registrados en Lérida fue más duro para los residentes que el primer aislamiento, pues “había un temor generalizado de que el confinamiento se alargara más tiempo de los quince días previstos”. En este sentido, mantener el contacto con los familiares y la tarea de los profesionales fue fundamental, afirman, para poder infundir ánimos a los usuarios y poder garantizar su salud emocional y psicológica. 

Una pandemia que no hace distinciones

A pesar de todas las medidas y protocolos que la residencia está siguiendo para minimizar el riesgo de contagio, esto no exime la posibilidad de que se produzca algún caso del virus en el centro. Así lo afirman desde la dirección de BETULA ALBA, quienes recuerdan que “todos estamos expuestos a esta pandemia y es prácticamente imposible garantizar al 100% que no se producirá ningún caso, ni en las residencias, ni en los colegios, ni en ningún otro sitio”.