Representantes de organizaciones del sector de la discapacidad y de personas mayores, junto a testimonios en primera persona de mujeres mayores con discapacidad, han denunciado este miércoles el mayor “aislamiento, soledad e invisibilización” de esta parte de la ciudadanía durante la pandemia de COVID-19, una situación que, en su opinión, ya sufrían pero que la pandemia ha agravado.

Así se ha puesto de relieve durante el webinario ‘Mujeres mayores con discapacidad, mayor discriminación’, enmarcado en el ciclo de webinarios ‘No estás sola’, una iniciativa con la que la Fundación CERMI Mujeres promueve, durante la pandemia, el acompañamiento y la participación de las mujeres con discapacidad, así como de las madres y cuidadoras de familiares con discapacidad.

Mariqueta Vázquez, presidenta de la Asociación de Mujeres por un Envejecimiento Saludable, ha advertido de que “las mujeres ya tenemos discriminación por ser mujeres, pero si le añadimos canas, kilos, discapacidad y otras circunstancias, sufrimos mayor invisibilidad pese a que vivimos más años”. Por ello, ha avisado de que la situación de las mujeres mayores con discapacidad no es nueva, “sino que la COVID-19 la ha empeorado y la ha dejado, todavía más, al descubierto”.

En relación con las residencias, ha reprochado que “nadie haya hecho nada por cambiar su funcionamiento” tras la primera ola de la COVID-19, cuando “la soledad y el aislamiento eran lo único que veían las personas mayores” en los centros. “¿Por qué no se pueden hacer grupos burbuja por ejemplo?”, se ha preguntado Vázquez, quien ha aclarado que “la culpa” del aislamiento y de la falta de atención sanitaria de las personas mayores contagiadas de COVID-19 “no es de los profesionales, sino de la falta de medios y de personal”.

LOS DERECHOS NO CADUCAN

En este sentido, Pilar Rodríguez, presidenta de la Fundación Pilares para la Autonomía Personal, ha exigido que las medidas que se adopten para hacer frente a la pandemia “tengan en el centro” a las personas mayores, y especialmente a las mujeres. De esta forma, ha denunciado la “violación de derechos” que sufren las mujeres mayores, por lo que ha advertido de que “nuestros derechos no caducan con la edad, aunque vivamos 100 años”.

También ha aprovechado su intervención para arremeter contra las “vulneraciones de derechos” que sufren las mujeres mayores en ocasiones, como la imposibilidad de decidir sobre su propio patrimonio, cómo relacionarse libremente o poder disfrutar de su sexualidad.

En este contexto, Pilar Ramiro, miembro de la Comisión de Envejecimiento Activo del CERMI Estatal, ha llamado a reflexionar sobre la situación en la que se encuentran las mujeres mayores con discapacidad y ha criticado que esta parte de la población sufra “tanta invisibilización” pese a que es un colectivo “muy numeroso”. Ante la segunda ola de la pandemia, ha pedido que se planteen opciones como trasladar a mujeres mayores a hoteles o facilitar que puedan salir a la calle, “sobre todo, porque se nos dice que en espacios abiertos se corre menos riesgo de contagio”.

En todo caso, ha exigido “tomar las medidas necesarias para que no sigamos muriendo de COVID-19” y ha instado a replantear el modelo residencial actual para que existan alternativas residenciales con más apoyos para la autonomía personal.

Por otro lado, Juan Manuel Martínez, presidente de la Confederación Española de Personas Mayores (CEOMA), ha explicado que, aunque el 75% de las personas mayores son mujeres, “consumen menos recursos de atención sanitaria, incluidas las que tienen discapacidad”. Asimismo, ha lamentado que, pese a que la mujer “está en el centro del ejercicio de los cuidados, cuando llegan a edades avanzadas, sufren mayor soledad y aislamiento”.

ENTORNO RURAL

Donelia Roldán, senadora del PSOE y vicepresidenta primera de la Comisión de Igualdad de la Cámara Alta, ha centrado su intervención en la situación de las mujeres con discapacidad que residen en el entorno rural, que ha calificado de “preocupante”. 

En su opinión, se debe “luchar” para que los transportes lleguen a estos domicilios, al igual que la atención sanitaria, la eliminación de barreras y la libertad de elegir vivir en su entorno. “Nos queda todavía mucho por conseguir, pero por aquí pasa el futuro”, ha apostillado.

El webinario ha contado también con la intervención de Roberto Rojas, jefe de Sección de Grupos en Situación de Vulnerabilidad en el departamento de Inclusión Social de la Organización de Estados Americanos, primera organización regional internacional en contar con una convención en defensa de los derechos de las personas mayores. Dicho tratado ha sido ya firmado por siete Estados  y, como ha afirmado Rojas, cuando sea ratificado por diez países, se podrá crear un comité de seguimiento y evaluación.

Este experto también ha resaltado que “con el paso de la edad, las personas mayores tienden a adquirir algún tipo de discapacidad y son víctimas de múltiples tipos de discriminación”. Según ha expuesto, esta situación se agrava en el caso de las mujeres, porque sufren factores como menores ingresos por haberse dedicado a trabajos domésticos.

MOCHILA DE VIVENCIAS

Con esta idea ha coincidido Manoli Carrión, referente estatal de los Mayores de la ONCE, quien ha declarado que más de la mitad de afiliados a la ONCE son personas mayores y ha valorado que “tienen una mochila de conocimiento y vivencias enormes”, pero “sin embargo, sufren gran discriminación”. 

Carrión ha apuntado que “a las mujeres mayores con discapacidad no se nos puede discutir nuestro carácter transformador”, al tiempo que ha detallado el trabajo que desde la ONCE se realiza en favor de las personas ciegas mayores para luchar contra lacras como la soledad.

En el encuentro también se ha contado con el testimonio en primera persona de Lourdes Montorio, quien ha expuesto su testimonio en primera persona y ha explicado que “los principales temores que hemos tenido las mujeres mayores con discapacidad” durante la pandemia han sido la soledad y “no saber adaptarnos a las nuevas tecnologías sin ayuda”. Además, ha criticado que a las personas mayores se les tenga “más encerradas solo por el hecho de ser mayores, porque seguimos siendo útiles”.