El asma grave es un síndrome heterogéneo con múltiples variantes clínicas, cuya prevalencia, entre los pacientes asmáticos varía de un país a otro, aunque se estima que el 50 % de los asmáticos graves tienen un mal control de su enfermedad[1]. El impacto en la calidad de vida de quienes la padecen es muy elevado, por lo que es necesario un correcto diagnóstico, el seguimiento de los pacientes y el mejor tratamiento disponible para cada caso. 

Con estos datos sobre la mesa, GSK ha lanzado la campaña ‘Juntos Cambiamos el Rumbo’de la mano de numerosos profesionales sanitarios y pacientes con el objetivo de dar voz a las personas que sufren asma grave y visibilizar a los expertos que trabajan de forma conjunta en nuestro país para cambiar el rumbo de esta patología.

Asimismo, se pretende poner de manifiesto no solo el impacto que esta enfermedad tiene en quienes la sufren y en sus familiares, sino en reconocer el trabajo que se lleva a cabo en equipos multidisciplinares especializados que siguen a los pacientes con asma grave y en reforzar la participación del paciente como un miembro más del equipo.

“Gracias al trabajo en equipo y a la participación activa de los pacientes se puede lograr un mejor control del asma. A través de esta campaña, mostramos, una vez más, que GSK está comprometida con el bienestar y la salud de las personas con el objetivo de ayudar a que puedan hacer más, sentirse mejor y vivir más tiempo”, asegura la presidenta y consejera delegada de GSK España, Cristina Henríquez de Luna.

Una de las herramientas para conseguir estos objetivos son las unidades de asma grave, cuya finalidad es evaluar a aquellos pacientes que no responden a los tratamientos. Por ejemplo, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) cuenta con 31 unidades de asma grave acreditadas de las cuales 22 son de Excelencia. 

“Es importante que exista un abordaje multidisciplinar entre alergólogos, neumólogos y otorrinolaringólogos sobre todo a la hora de detectar las enfermedades asociadas y comorbilidades que pueda haber. Dentro de la sistemática de valoración de un paciente con asma grave, cuando esta no está controlada, en primer lugar, se debe confirmar el diagnóstico de asma, ver que la historia clínica del paciente es compatible y demostrar que hay una obstrucción variable en la función pulmonar”, explica el doctor Antonio Valero, presidente de la SEAIC. 

Una vez que se ha realizado el diagnóstico, han de valorarse los factores asociados o comorbilidades, es decir: la adherencia al tratamiento, la técnica inhalatoria del paciente, la exposición laboral y ambiental a productos químicos o alérgenos que desencadenen síntomas o si hay algún factor desencadenante como, por ejemplo, el uso de determinados fármacos. “El siguiente paso es identificar el fenotipo de asma, sus características, esto es, si se trata de un asma alérgica, eosinofílica, neutrofílica, etc., para poder ajustar el tratamiento más adecuado e individualizarlo”, añade el especialista, quien hace hincapié en que los pacientes con asma grave no controlado son “complejos”, por lo que es “necesario” que el abordaje sea multidisciplinar.