El ictus es una enfermedad cerebrovascular provocada por una rotura (ictus hemorrágico) o una obstrucción (ictus isquémico) en un vaso sanguíneo cerebral. Es una de las principales causas de muerte en adultos y de discapacidad permanente, debido a que en algunos casos provoca importantes secuelas. El tratamiento, así como su duración, debe ser diseñado según las secuelas concretas de cada paciente. Las más graves pueden ser la falta de movilidad o parálisis, el dolor por las complicaciones motoras, déficit en el lenguaje o problemas cognitivos.

En el Día Mundial del Ictus, el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España (CGCFE) se une a la celebración de esta fecha para recordar el importante papel de la Fisioterapia en el tratamiento de los pacientes que han sufrido un ictus, con el objetivo de minimizar sus secuelas. 

Aplicar un tratamiento temprano es clave, ya que la recuperación funcional es mayor durante los primeros meses, especialmente el primero. Por otro lado, la movilización temprana evita complicaciones secundarias, como la neumonía o la trombosis venosa.

La Fisioterapia tras el ictus tiene como objetivos prevenir y tratar las complicaciones como el dolor, conseguir la mayor independencia y funcionalidad posibles, mejorar la calidad de vida del paciente y ayudar al paciente y a sus cuidadores a adaptarse a la nueva situación y minimizar las posibles secuelas. 

Por otro lado, la participación y colaboración de los familiares y cuidadores del paciente es fundamental para su recuperación, por lo que otra función importante del fisioterapeuta es aconsejar sobre un adecuado tratamiento postural en la vida cotidiana, una vez que el paciente regresa a su hogar. Algunas de las recomendaciones más habituales son evitar que el paciente pase mucho tiempo en la cama, cambiar despacio y frecuentemente de postura, no realizar movilizaciones incontroladas, evitar la flexión prolongada de codos y rodillas, etc.