La primera onda pandémica supuso el confinamiento domiciliario para millones de personas y el cierre de los centros de día para personas mayores en todo el Estado. Esta situación, determinada por una situación sanitaria sin parangón en las últimas décadas, supuso que decenas de miles de personas mayores dejaran de ser atendidas por los profesionales sociosanitarios, redujeran drásticamente sus relaciones sociales y acompañamiento, y descargó en los cuidadores buena parte del peso de los distintos tipos de cuidados que estas personas recibían en los centros de día.

Con motivo del Día del Cuidador, efeméride instaurada por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Aitor, un nombre ficticio del hijo de una usuaria del centro de día para personas mayores IMQ Igurco Aiboa Getxo, perteneciente a la red de infraestructuras sociales de la Diputación Foral de Bizkaia, expone lo siguiente: “los centros de día sirven para que las personas mayores estén mucho más equilibradas. Muchas veces, cuando están en casa, lo único que hacen es estar sentadas y ver la tele, con lo cual pierden mucha movilidad y mucha capacidad cognitiva, porque en muchos domicilios, la capacidades que tenemos para atender cierto tipo de necesidades de las personas mayores, pues son más limitadas y con menos conocimientos que los que tienen en un centro de día”.

Para el familiar, “yo, lo que noté cuando se hizo el confinamiento de los primeros meses de la pandemia, es que mi madre perdió muchísima movilidad, ya que no podía salir a la calle ni tampoco hacía la gimnasia que efectuaba en el centro de día. Y luego, cognitivamente, también bajó. Desde mi punto de vista, como hijo, —e igual estoy diciendo algo no correcto— es mejor el efecto que tiene el centro de día, aun asumiendo un cierto riesgo que pueda tener el salir de casa. Creo que tal y como están haciendo los protocolos de seguridad en los centros de día, es un riesgo asumible. Entre riesgos y beneficios, pues es para valorarlo”.

“Una persona que, como mi madre, ya casi ni conoce a la gente y que ves que según va pasando el tiempo se va a quedar en una silla de ruedas como no tenga una cierta actividad, porque en casa, pasillo adelante, pasillo atrás, pierde muchísima movilidad. “En ese caso, salir de casa es un riesgo que existe, de que tengan un problema, como todo en la vida, pero igual, que se quede atrofiada, desde mi punto de vista, puede ser peor. Es mi visión particular. Entiendo que otras personas lo puedan ver de otra manera”, declara el hijo de la usuaria del centro de día.

Un recurso eficaz y en marcha

Por su parte, Sonia Robles, trabajadora social de IMQ Igurco en este centro de día de Getxo, indica que “los centros de día son un recurso eficaz para el mantenimiento de la capacidad funcional y cognitiva de las personas mayores. Con nuestro trabajo, desempeñado por un equipo multidisciplinar de profesionales sociosanitarios, altamente especializados en el cuidado de las personas mayores, aliviamos la carga del cuidado a muchos cuidadores que, por razones de conciliación, por imposibilidad o por la complejidad o intensidad de los cuidados que precisan las personas mayores a su cargo, cuentan con nosotros para cubrir las necesidades de sus allegados”.

La trabajadora social también manifiesta que actualmente “en todos los centros de día se siguen unos estrictos protocolos de seguridad que minimizan en todo lo posible el riesgo de infección por el nuevo coronavirus. El riesgo cero nunca existe, tampoco en los domicilios, por ello, hay que valorar cada situación en su conjunto, de una manera individual, y optar por aquello que mejor le pueda venir a cada persona mayor”.

Otro aspecto aludido por la trabajadora social del centro de día IMQ Igurco Aiboa Getxo se refiere a “los beneficios de ir a un centro de día frente a la soledad y el aislamiento que están pasando muchas personas mayores que están de manera constante en sus casas. Esta medida preventiva también está teniendo un efecto iatrogénico evidente para las personas mayores y que, todavía, no ha sido valorado científicamente en su justa magnitud”.

Tal y como explica, “en el centro de día, los profesionales vigilan la salud de las personas mayores, tanto de manera presencial, como virtual. Por ejemplo, nuestra psicóloga efectúa las evaluaciones de seguimiento anímicas y cognitivas de manera telemática, con videollamadas, de manera privada. Somos un equipo compuesto por gerocultores, médicos, enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas, trabajadores sociales y personal de limpieza, cuya única razón de ser, es proporcionar los mejores cuidados diurnos a las personas que confían en nosotros para sus cuidados”.