El sector de la población que más afectados ha tenido desde el comienzo de la pandemia por su vulnerabilidad es, sin duda, el de nuestros mayores.

Y es que las personas mayores de 65 años incrementan los riesgos y complicaciones cuando sufren de procesos víricos que afectan a las vías respiratorias.

Un estudio realizado por Fellowes con purificadores de aire que contenían filtros HEPA han demostrado que reducen un 99,9% la presencia de partículas de virus y bacterias en las estancias cerradas.

El motivo del porqué los filtros HEPA son tan efectivos, fundamentales como recambio en purificadores homologados para residencias de ancianos, es que capturan el 99,97% de partículas en el aire tan pequeñas como 0’3 micras. En recientes test realizados, los purificadores de aire con filtro HEPA ha reducido el 99’9% de los virus con apenas 35 minutos de funcionamiento.

De hecho, las recomendaciones sobre el uso de sistemas de climatización y ventilación del Ministerio de Sanidad establecen como parámetro más importante la renovación del aire, estableciendo un mínimo de 12’5 litros por segundo y ocupante por estancia para que la calidad sea buena. A la hora de purificar el aire de cualquier recinto cerrado, la recomendación ministerial pasa específicamente por el uso de filtros de alta eficiencia HEPA.

Fellowes indica que un aire purificado crea residencias más limpias y más protegidas frente a cualquier virus o bacteria en suspensión, que desencadenan o empeoran enfermedades respiratorias presentes en uno de los colectivos más vulnerables. Además destaca el hecho de que para muchas de estas residencias utilizar estos dispositivos muestra una mayor preocupación por la prevención y la salud no sólo por los mayores sino por el  personal y los visitantes.

La ausencia de ventilación en interiores en los centros de la tercera edad es muy perjudicial para este colectivo, ya que el aire está hasta 5 veces más contaminado que el aire exterior. No sólo virus y bacterias se encuentran suspendidos sino también distintos alérgenos, sustancias químicas y los olores, haciendo necesario el funcionamiento de purificadores de aire.

Finalmente conviene recordar que en un entorno cerrado las partículas de virus y bacterias pueden llegar a desplazarse y quedar suspendidas hasta 50 metros en el caso de las más ligeras y de menor tamaño. Las más pesadas apenan alcanzan el metro y las pequeñas llegan hasta los dos metros, cayendo al suelo.