El Comité de Ética de EULEN Servicios Sociosanitarios, perteneciente al Grupo EULEN, con más de 30 años de experiencia y certificada con el Sello de Excelencia EFQM 500+, ha elaborado un documento con el que considera que hay diez aspectos y valores esenciales que se han de tener en cuenta para elaborar cualquier normativa en estos momentos de pandemia:

1. Cualquier consideración que se haga en relación con las personas con diversidad funcional y las personas mayores debe partir siempre del concepto de dignidad, lo que impide tratarlos como medios (explotación o maltrato); considerar que carecen de valor (por falta de capacidades o recursos) o que son un disvalor (carga, conducta inadecuada, gastos o molestias). 

2. Es importante evitar los peligros que suponen la aporofobia, la gerontofobia o la diversofobia. 

3. Es conveniente rechazar, por obvio, que las personas con diversidad funcional o mayores sean personas, por cualquier motivo, menos valiosas y, por tanto, que puedan ser discriminadas por edad o problemas cognitivos. La discriminación etaria o cognitiva conduce a imponerles un altruismo obligatorio sin sentido; a la negación de su autonomía; a la ruptura del pacto intergeneracional de cuidados; al debilitamiento de la cohesión social y a un paternalismo rechazable. 

4. Cuando los recursos sanitarios puedan ser insuficientes, es conveniente priorizar, si fuera necesario, salvaguardando los principios anteriores de: justicia, autonomía y no maleficencia, por lo que las personas con discapacidad o mayores deben ser tratadas, en lo referente a la asistencia sanitaria, del mismo modo que las demás personas; esto es: solo bajo criterios clínicos y expectativas objetivas de supervivencia.

La especial vulnerabilidad de las personas con diversidad funcional y personas mayores aumenta en tiempos de pandemia, como la actual, hasta el punto de haber dado lugar, además de a situaciones de abandono y aislamiento, a la privación de la asistencia sanitaria intensiva cuando ha sido necesaria para hacer frente a situaciones muy graves de enfermedad provocadas por el virus SARS-CoV-2. 

5. Todas las personas somos seres sociales por naturaleza y necesitamos vivir en comunidad por ello, el aislamiento, (en sí mismo), es un daño, hasta el punto de que, a veces se considera una pena social, que repercute con mayor intensidad en las personas mayores o con problemas cognitivos. Estas pueden no comprender la situación, tienen mayores dificultades para hacerse cargo de la coyuntura y por ello, sufren por la incertidumbre o por la falta de acompañamiento. 

6. Tenemos que afirmar rotundamente el derecho de las personas mayores o personas con diversidad funcional que viven en residencias, a comunicarse personalmente con sus familiares o allegados; sin perjuicio de adoptar las medidas pertinentes preventivas de contagios en defensa de su salud y de la salud del personal que les atiende, asumiendo los costes que sean necesarios.

 7. Es conveniente valorar los aspectos psicológicos perjudiciales que genera el aislamiento: ansiedad, miedo, situación de estrés (padecer o no la enfermedad, muerte, pérdida de seres queridos); los sentimientos pesimistas (la soledad, la desesperación); sentimientos de culpa; la irritabilidad y el enfado. Se debe evitar no solo la muerte física, sino también la muerte por pena o social.

8. Son valorables una serie de recomendaciones para paliar, en lo posible, estas situaciones: el manejo de la información (adecuada, sin sobreexposición); recibir apoyo social (contacto con personas queridas); medios tecnológicos (teléfono, videollamadas); participar en actividades comunitarias; mantener rutinas; mantenerse activo y comida y bebida sanas y equilibradas, evitando las contenciones físicas o farmacológicas.

 9. La regulación normativa de la pandemia necesita tener en cuenta las especiales circunstancias que se dan en los diversos centros residenciales: bien por condicionantes físicos o por las peculiaridades propias e inherentes a las personas mayores, con diversidad funcional o deterioro cognitivo. 

10. Es importante, el desarrollo adecuado del duelo, que es un proceso doloroso e inesperado en respuesta a la muerte de un ser querido o de una pérdida significativa. La comunicación, el ritual y la despedida deben considerarse también, elementos esenciales.