El tipo de dolor que sufrimos las personas varía con la edad, así como la forma en que lo abordamos. Las personas jóvenes lo padecen de manera ocasional y presentan una gran capacidad de recuperación. Los adultos tienen dolor de espalda de manera recurrente y les preocupa su evolución futura. Las personas mayores entienden el dolor –crónico, en su caso- como una batalla a largo plazo.

Por mucho que nos cuidemos, llevemos una vida sana y tengamos unos hábitos saludables, nuestra actividad diaria afecta a nuestra espalda. El dolor nos incapacita y nos afecta no solo físicamente, sino también mental y emocionalmente y acaba por influir en nuestras relaciones sociales y en la calidad de vida.

Pero, ¿todos sufrimos el mismo tipo de dolor? ¿lo afrontamos del mismo modo? Es obvio que existe un componente personal, físico y subjetivo a la vez, que nos hace “sentir” la intensidad del dolor de forma distinta. Y también está claro que lo manejamos según nuestra experiencia, capacidad y estilo de vida. Aun así, existen unas causas y actitudes comunes en función de la edad ante el dolor, en el caso de personas que no presenten ninguna patología específica previa.

Distintas edades, diferentes causas y actitudes ante el dolor

Para las personas jóvenes, la aparición del dolor musculoesquelético suele ser una sorpresa desagradable, ya que no se espera que aparezca hasta, por lo menos, a partir de los 30 años. “En estos casos, el dolor se atribuye generalmente a factores externos, como el estrés postural, el movimiento repetitivo o los excesos al hacer ejercicio o cargar peso a menudo”, explica el fisioterapeuta y experto en terapia de calor Pablo de la Serna. Este dolor provoca que algunos jóvenes se sientan decepcionados con su propio cuerpo. Sin embargo, dado que sus problemas son en su  mayoría ocasionales, muestran una gran capacidad de recuperación y esperanzas de resolver los problemas de raíz.

En el caso de las personas adultas, el sufrimiento físico y a menudo recurrente que provoca el dolor de espalda es mayor”, afirma de la Serna. Generalmente, también a causa de sus responsabilidades profesionales y familiares, experimentan un  impacto más multidimensional del dolor en sus vidas y a menudo muestran preocupación por la evolución futura de su condición, así como una fuerte necesidad de tranquilidad, equilibrio emocional y relajación.

La complejidad aumenta en el caso de los mayores, que suelen mostrar arrepentimiento e incluso culpa por actividades físicas incorrectas o extremas realizadas durante años. Para ellos, según el experto en terapia de calor, “manejar el dolor, en muchos casos crónico, es una batalla a largo plazo, donde la prevención cobra un papel fundamental en su estilo de vida: buscan el apoyo de lafisioterapia y realizan cambios en la dieta para mantener el peso bajo control con el fin de mejorar la calidad de vida y aliviar la intensidad del dolor a largo plazo”. Su objetivo principal es mantener el dolor a niveles soportables y evitar que se agrave.

Para Pablo de la Serna, “la terapia de calor es recomendable en todos los casos, especialmente en personas reacias a tomar medicación o como complemento a esta”. Los efectos del uso de parches de calor “sobre las vértebras cervicales, lumbares, dorsales o en las muñecas son múltiples: el aumento del flujo sanguíneo, el alivio del dolor y la relajación de los músculos. Por todo ello, mejora de forma muy satisfactoria la calidad de vida de las personas y tiene un impacto tanto físico como emocional y social”, concluye el experto.

Referencia: MAKING ThermaCare A NEW SUCCESSFUL STORY -Qual Report