El ejercicio físico es una parte fundamental del tratamiento de las personas con exceso de peso, siendo crucial para vencer a esta enfermedad que no solo está aumentando su prevalencia en plena pandemia de COVID-19, sino que también es, después de la edad avanzada, el factor de riesgo para tener una COVID-19 más grave y mortal

Dadas estas circunstancias, y cumpliendo con su interés por integrar y dar relevancia a todos los profesionales implicados en la mejora de esta patología, la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) ha llegado a un acuerdo con el Colegio Oficial de Licenciados y Grados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (COPLEF) de Madrid. La colaboración establece, entre otras cosas, que la colegiación en el COPLEF de Madrid sirva como aval de acceso a la hora de formar parte de la SEEDO, ofreciéndole así a este colegiado la oportunidad de trabajar junto a otros profesionales como médicos, nutricionistas, psicólogos en el tratamiento de la obesidad.

El convenio, firmado en representación de ambas entidades por D. Francisco Tinahones (presidente de la SEEDO) y Dña. Rosa de Tapia (presidenta del COPLEF Madrid), articula objetivos e intereses comunes en la lucha contra la obesidad, tanto a nivel profesional, como académico y científico. Para los máximos representantes de estas instituciones, “permitir que la colegiación al COPLEF Madrid sea un aval para incorporarse a la sociedad médica SEEDO resulta no solo de extraordinaria importancia para los colegiados, sino también para progresar en un abordaje multidisciplinar más eficaz, capaz de mejorar el control de la epidemia de obesidad”.

El desarrollo de esta colaboración inicial incluye diferentes acciones conjuntas, que se elaborarán de común acuerdo entre ambas partes. Para ello, los representantes por ambas entidades, D. César Bustos Martín (vocal de la SEEDO) y Dña. Rosa de Tapia (presidenta de COPLEF Madrid),ya trabajan en el desarrollo de un completo programa de actividades formativas y divulgativas. 

En era de COVID-19, aún más importante

Este acuerdo cobra aún mayor trascendencia en el momento actual, cuando se conoce que la obesidad es un factor de riesgo trascendental para padecer formas graves de la COVID-19 y de mal pronóstico. Los primeros estudios realizados en España al principio de la pandemia indicaban que hasta el 80% de lo pacientes que tuvieron formas graves de la infección por COVID-19, que precisaron intubación, ventilación mecánica en la UVI y/o fallecieron, eran obesos. Además, según reveló una encuesta efectuada por SEEDO, prácticamente la mitad de los habitantes de España, sometidos durante varias semanas al confinamiento domiciliario debido a la situación de alarma decretada por el gobierno con motivo de la pandemia de coronavirus, experimentaron un incremento de su peso medio durante este periodo de tiempo (entre 1-3 kilos).

Pero, además, se sabe que: 

  • La obesidad aumenta el riesgo de muerte prematura un 1,45 a 2,76 veces y reduce la esperanza de vida útil hasta en 20 años; a pesar de ello, las cifras de personas con exceso de peso no paran de aumentar (1)
  • Se prevé que en los próximos 15 años los costes de la obesidad ascenderán a más de 7 billones de dólares (6.369 millones de euros) en los países en desarrollo. Desde 1975, los casos de obesidad casi se han triplicado y actualmente es responsable de más de 4 millones de muertes en todo el mundo cada año. (2)
  • La obesidad favorece una aparición más precoz de enfermedades relacionadas con la edad avanzada, como la arterioesclerosis y enfermedad cardiovascular, hipertensión, Alzheimer, artritis diabetes mellitus tipo 2 y cáncer, entre otras. (3) 
  • La pérdida de masa muscular afecta de forma clara al aumento del riesgo de infección, por déficit del sistema inmunitario. (4)
  • Distintos estudios han demostrado que el incremento de actividad física está directamente relacionado con el mantenimiento del peso perdido. (5)