Comenzamos el verano con la posibilidad de quitarnos la mascarilla en espacios al aire libre, un pequeño respiro para nuestra piel que lleva más de año y medio ahogada, pero también un riesgo si no la cuidamos adecuadamente. Después de todo este tiempo, la piel está mucho más frágil y delicada y, además, experimenta una sobreexposición a diversos factores externos que han ido provocando cambios en ella. “El roce continuo que la mascarilla ha provocado en nuestro rostro, unido a la poca transpirabilidad de ésta, han hecho que nuestra piel esté muchísimo más sensible y propensa a reacciones como rojeces o acné”, declara Sandra Garrido, experta en estética en el centro Sabáh de la calle Jerónimo Blancas de Zaragoza. Ahora que podremos quitarnos la mascarilla al aire libre (siempre y cuando se respete la distancia mínima de seguridad), debemos cuidar al detalle nuestra piel para evitar daños. “Tenemos que crear una rutina facial basada en la hidratación y nutrición de nuestra piel, siempre realizando una profunda limpieza del rostro, algo fundamental para tener una piel sana”, explica Garrido. 

La protección solar y el fototipo de la piel, fundamentales

Estos últimos meses, la mascarilla ha hecho que nuestra piel estuviera un ambiente con humedad continua, lo que impide la regeneración correcta de marcas de acné que nos pueden ocasionar futuras manchas. Para evitarlo, existen un gran número de principios activos como la niocinamida, Vitamina C, y nuestra principal aliada: la protección solar. Protegernos frente al sol es fundamental a lo largo del año, pero lo es mucho más durante el verano, no solo para no quemarnos, sino para evitar marcas y manchas en la piel. Y es que, es necesario saber que la crema solar no protege por igual a todo el mundo y su eficacia depende del tipo de piel de cada individuo. Aunque se calcula que el promedio normal hasta que la piel empieza a quemarse ante la radiación solar es de diez minutos, hay personas que sufren desde el minuto uno, mientras que otras aguantan hasta veinte sin enrojecerse. Por eso, en Sabáh indican que “es fundamental ser consciente del nivel de sensibilidad al sol que tiene cada uno para evitar daños en la piel, muchos de ellos irreversibles”. 

A este índice se le llama fototipo y permite definir la capacidad de la piel para el bronceado y saber cómo va a reaccionar la epidermis ante los rayos del sol. Existen seis fototipos diferentes, según la clasificación de Fitzpatrick. Cuanto mayor es el valor (6), la piel genera melanina con más facilidad y en mayor cantidad, propio de una tez oscura, que no tiene pecas y nunca se quema. Por tanto, el fototipo 1 corresponderá a pieles muy pálidas que nunca se broncean y suelen quemarse frente a la exposición solar. Los centros especializados en belleza, como Sabáh, disponen de tecnología adecuada para poder indicar con exactitud este índice a través de diagnósticos personalizados, en este caso gratuitos. 

En verano, maquillaje ligero

Cuando llegan las altas temperaturas, los expertos recomiendan utilizar bases de maquillaje mucho más ligeras que dejen respirar la piel y no la taponen. Y este año, todavía es más importante. Hasta que nuestra piel se adapte a esta “nueva normalidad” sin mascarilla al aire libre, lo más indicado es evitar maquillajes muy cubrientes y fórmulas untuosas. “Lo ideal es utilizar un fotoprotector con color, así nuestra piel estará debidamente protegida y lucirá con un aspecto saludable. Si nos decantamos por seguir usando base de maquillaje, no debe ser untuosa ni demasiado cubriente, lo mejor es utilizar una con textura ultraligera”, afirma Sandra Garrido. Por supuesto, todo ello acompañado de una buena hidratación y limpieza de la piel.