El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, una fecha que da visibilidad a esta patología mental que se traduce en el deterioro cognitivo del paciente.  

Ante el desconocimiento que existe en torno a la enfermedad y debido a los mitos que existen sobre la misma, Senniors, la empresa especializada en el cuidado a domicilio de personas mayores y dependientes, analiza cuáles son las cinco creencias falsas más extendidas y aclara el motivo por el que no son ciertas.  

“La importancia de conocer la enfermedad en profundidad por parte de las familias y cuidadores es clave para que los pacientes con Alzheimer tengan una mayor calidad de vida. Es imprescindible satisfacer las necesidades de cada caso y recordar a los familiares que no están solos”, asegura Claudia Gómez, CEO de Senniors. 

Los cinco mitos más extendidos sobre el Alzheimer: 

El Alzheimer sólo lo padecen las personas mayores 

Aunque la mayoría de los casos se dan en la tercera edad, hay veces en las que esta enfermedad debuta muy pronto. Según datos de la Confederación Española de Alzheimer (Ceafa), uno de cada diez tiene menos de 65 años. 

“Los pacientes más jóvenes suelen ser mucho más consciente de su diagnóstico y eso les permite poder trazar la hoja de ruta, junto con su familia y los profesionales que le van a acompañar, para decidir cómo quieren ser cuidados en cada fase de su enfermedad y participar en su propio tratamiento”, asegura Ana Maeso, Neuropsicóloga especialista en personas mayores y bienestar emocional y Coordinadora Social en Senniors. 

En el caso de los menores de 65, cuyo funcionamiento social y ocupacional (laboralmente están activos) se ve especialmente afectado, desde Senniors recomiendan que reciban la atención de un psicólogo, para ayudarles a afrontar los nuevos retos que les va a plantear la enfermedad. 

El Alzheimer siempre genera una conducta agresiva 

La agresividad no necesariamente se da en todas las personas que padecen Alzheimer. Lo que sí provoca esta enfermedad son daños en las estructuras cerebrales responsables del lenguaje o la autorregulación de la conducta, entre otras. 

Según la Neuropsicóloga y Coordinadora Social de Senniors, las conductas agresivas son una manifestación de la ira y el enfado que, como emoción básica, está presente en cualquier ser humano.  

La ira o el enfado aparece cuando la persona siente que no consigue un objetivo o que sus necesidades o intereses no son atendidos. Si a esto se le suma la dificultad de poder verbalizarlo, debido a una alteración del lenguaje, el sentimiento de frustración se agudiza y aparecen comportamientos agresivos a modo de protesta. 

El reto está en establecer un sistema de comunicación válido, en el que los cuidadores identifiquen y manejen aquellos escenarios que puedan generar este tipo de respuesta. Es importante que el cuidador principal sea consciente y sepa reconducir este tipo de situaciones”, comenta Maeso.

Un fallo de memoria indica Alzheimer 

No necesariamente. Hay personas que, con la edad, manifiestan un deterioro de algunas de sus funciones cognitivas, como la orientación, la atención, la memoria… 

El consumo de ciertos medicamentos, la alteración del estado de ánimo y la hipoacusia, afectan directamente a la capacidad atencional y sin atención no hay memoria. El mindfulness puede ser un gran aliado para fortalecer la salud física, mental y emocional, y para cultivar, precisamente, la atención. 

El Alzheimer evoluciona igual en todas las personas

Las personas no tienen la misma genética y sus biografías e historias personales son únicas; así como la forma en la que gestionan y perciben las emociones. Cada ámbito de conocimiento que se explora y practica, va trazando un mapa único en el cerebro, que es, además, donde reside la personalidad. Por tanto, la experiencia con la enfermedad y sus síntomas también es diferente.

Se puede dar el caso de dos personas con un mismo diagnóstico, con un perfil socioeconómico y cultural parecido, misma edad y un entorno similar, y que en una de ellas la patología evolucione de forma muy rápida y en la otra, se mantenga más estable desarrollándose más lentamente.  

Según Senniors, las etapas de evolución de la enfermedad son una referencia aproximada a lo que podría ocurrir, no a lo que ocurrirá inexcusablemente. Conocerlas sirve de ayuda a cuidadores y familiares para ir aceptando una realidad que va a cambiarles la vida.   

El Alzheimer es hereditario   

Aunque existe un componente genético, no tiene necesariamente que darse. De hecho, menos del 10% de las demencias son hereditarias. Que un padre o una madre tengan o hayan tenido la enfermedad no significa necesariamente que sus hijos vayan a padecerla.     

“Al margen de las investigaciones, desarrollar una vida activa y sana, practicar amorosamente el cuidado hacia uno mismo, cultivar el conocimiento, la espiritualidad y la calma y fomentar nuestras relaciones sociales y afectivas, son factores que influyen directamente en la prevención del Alzheimer y que están al alcance de todos”, comenta la Neuropsicóloga y Coordinadora Social de Senniors.