La causa más habitual de demencia son las enfermedades neurodegenerativas y, de ellas, la enfermedad de Alzheimer es la más frecuente. La prevalencia de la demencia varía mucho con la edad, estimándose que un 1% de los sujetos por encima de 65 años padece demencia, mientras que en los mayores de 85 años el porcentaje sube por encima del 20%, es decir, una de cada cinco. En el caso de Euskadi y, en relación con el alzhéimer, se estima que más de 36.000 personas padecen esta enfermedad neurológica. Además de lo anterior, más de la mitad de las personas dependientes en el conjunto de las comunidades autónomas tiene alzhéimer.

En el contexto del Día Mundial del Alzhéimer, que cada año se celebra el 21 de septiembre, el Dr. Juan Carlos García-Moncó, especialista en Neurología de IMQ, recuerda que en los últimos años, a pesar de que el esfuerzo investigador por encontrar fármacos para la enfermedad de Alzheimer «ha sido enorme», a día de hoy no existe un tratamiento que cure para la enfermedad. «En la actualidad, se emplean medicamentos que aumentan la cantidad de acetilcolina en el cerebro, un neurotransmisor implicado en la memoria».

No obstante, el experto valora la existencia de diversas líneas de investigación «muy activas y que pueden dar resultados prometedores en un futuro próximo». Estas líneas de investigación incluyen «el tratamiento de la inflamación que ocurre en la enfermedad de Alzheimer y la eliminación del depósito de proteína amiloidea del cerebro mediante anticuerpos monoclonales. Entre estos últimos, recientemente se ha ensayado el aducanumab; queda por definir el tipo de pacientes a los que podría ser beneficioso». Otros fármacos en fase de investigación «van dirigidos a bloquear la producción del amiloide (inhibidores de la secretasa). Otras líneas van dirigidas a evitar la agregación de otra proteína, denominada tau, la cual también parece tener un papel en la enfermedad», apunta el Dr. García-Moncó. 

Mientras estas líneas de investigación prosiguen su desarrollo hacia el objetivo de la consecución de fármacos eficaces frente a la enfermedad de Alzheimer, «existen estrategias para ralentizar el avance de la patología en los pacientes. Así, el control de los factores de riesgo vascular, particularmente la hipertensión, es fundamental y contribuye a enlentecer el avance de la enfermedad. Es importante, además, que los pacientes se mantengan activos física (caminar a diario) y mentalmente, lleven una dieta sana mediterránea, eviten el alcohol, y mantengan el mayor nivel de socialización posible», expone el neurólogo de IMQ.

Manejo del paciente mayor con la enfermedad avanzada

Por otra parte, la Dra. Naiara Fernández, especialista en Geriatría y directora Asistencial del grupo sociosanitario IMQ Igurco, pone de manifiesto que, «con frecuencia, los pacientes mayores precisan, durante su enfermedad, de otros tratamientos para controlar el nerviosismo excesivo, la agitación o para regular el sueño. Estos síntomas psicológicos y conductuales son a menudo muy disruptivos en el entorno familiar de la persona con demencia, por lo que su adecuado abordaje facilita la prestación de cuidados en el hogar por parte de familiares, retrasando la necesidad de institucionalización. Es éste un recurso orientado para pacientes que precisan de una elevada tecnificación de los cuidados, debida a la existencia, entre otros, de incontinencia, úlceras por presión, disfagia, limitación completa de la movilidad, trastorno conductual de difícil control, caídas de repetición, etcétera».

Atender a los deseos y preferencias para ser cuidado de la persona con deterioro cognitivo a medida que avanza la enfermedad «debe ser una prioridad para los profesionales, por lo que explorar estos aspectos a lo largo del devenir de la enfermedad garantiza que la persona sea tratada según sus deseos y expectativas, incluso cuando ya no pueda manifestarse verbalmente y sea preciso contar con un representante, nunca sustituto, para la toma de decisiones», recalca la Dra. Fernández. 

Por último, la geriatra de IMQ Igurco llama la atención sobre la necesidad de valorar la adaptación de la textura de la dieta del paciente con alzhéimer por aparición de problemas de deglución (disfagia), «pero deberemos mantener el aporte de nutrientes, siendo de vital importancia garantizar la ingesta de proteínas (1,3 g de proteína por kg de peso al día)».