Más de 134 millones de euros sólo en consultas de atención primaria, hospitalizaciones e interconsultas. Éste fue el coste para el Sistema Nacional de Salud que ocasionaron la enfermedad neumocócica, la gripe, el herpes zóster y la tosferina en el año 2015, entre los mayores de 45 años1. Esta sería, no obstante, la estimación mínima posible, dado que no tuvo en cuenta otros costes asociados como medicación, pruebas diagnósticas, pérdidas de productividad, etc. Así lo refleja un estudio presentado en el congreso conjunto de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), de la Asociación Portuguesa de Epidemiología (APE) y de la Sociedad Española de Salud Pública y Administraciones Sanitarias (SESPAS). La investigación revela que “el coste económico directo de estas enfermedades es muy elevado y su impacto podría minimizarse, en gran medida, implementando políticas vacunales adecuadas al contexto y características de la población”, según explica el Dr. Luis Ignacio Martínez Alcorta, vocal de la Asociación Española de Vacunología (AEV) y uno de los autores del estudio.

La investigación, bajo el título “Carga económica directa de enfermedades prevenibles por vacunación en el adulto mayor en España” y desarrollada con la colaboración de GSK, señala, en concreto, que la mayor parte de este gasto corresponde a la enfermedad neumocócica, con el 44 % del gasto total, el 40 % fue debido a gripe y el 16 % al herpes zóster. La tosferina sólo representa el 0,1 % del total, “si bien todos sabemos que la tosferina en el adulto está claramente infradiagnosticada”, puntualiza otro de los autores del estudio, el Dr. Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. El autor señala también que el estudio analiza el coste de la asistencia en el medio hospitalario y en los centros de salud, “siendo de casi 80 millones de euros para la atención hospitalaria, de unos 35 millones de euros para la atención primaria y de 21 millones para las interconsultas”. Por todo ello, la investigación “concluye con la necesidad de incrementar las medidas sanitarias preventivas para reducir la carga económica directa de estas enfermedades, siendo la vacunación la herramienta más eficiente para ello”, destaca el Dr. Gil de Miguel.

Entre los datos presentados también hay otros destacables y que se relacionan directamente con la denominada “inmunosenescencia” o pérdida de la capacidad de respuesta inmunitaria. De acuerdo con otro de los autores del estudio, el Dr. Martínez Alcorta, “a partir de los 45 años el gasto sanitario directo que generan estas cuatro enfermedades inmunoprevenibles representa casi el 64 % del gasto ocasionado para el total de la población española”. “Además, ocho de cada diez ingresos hospitalarios ocasionados por el herpes zóster se producen en los adultos de 45 o más años”, detalla.

Envejecimiento y calidad de vida

La importancia de esta inmunosenescencia es mayor para el sistema sanitario si se tiene en cuenta que España está entre los países con mayor tendencia hacia el envejecimiento de Europa2. De acuerdo con el Dr. Martínez Alcorta, “el envejecimiento condiciona una serie de cambios en el sistema inmunológico que puede contribuir a una disminución, deterioro y reestructuración de sus funciones para controlar infecciones”. “Denominamos inmunosenescencia al conjunto de estas transformaciones que se asocian al envejecimiento y que experimenta nuestro organismo”, añade. “Por tanto, el envejecimiento de la población implica que una mayor proporción de individuos experimenten estos cambios y sus consecuencias, de manera que la prevalencia de enfermedades crónicas y la incidencia, gravedad y secuelas derivadas de las infecciones, aumenten”. 

El Dr. Gil de Miguel apunta que, en la actualidad “casi el 90 % de los mayores de 65 años tiene alguna enfermedad crónica asociada y, en su mayoría, además, dicen que su calidad de vida es mala”. En este sentido, “la vacunación puede ser de gran ayuda a la hora de revertir esa percepción en adultos mayores”. El Dr. José María Eiros Bouza, catedrático-jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, coincide y asegura que la relevancia de este fenómeno “exige pautas de administración de nuevas dosis de vacunas frente a las enfermedades más prevalentes”. 

Sin embargo, a pesar de que España cuenta con muy buenas coberturas de vacunación en la infancia, a partir de la adolescencia y en la edad adulta, estas cifras bajan, lo que supone un problema añadido. El Dr. Gil de Miguel lo explica: “Los pediatras vienen trabajando con las familias desde la instauración del primer calendario de vacunación sistemático en nuestro país, que era sólo para niños, en 1975. Pero no fue hasta 2004, casi 30 años después, cuando se hicieron las primeras recomendaciones oficiales de vacunación en el adulto”. Por tanto, “necesitamos aún más tiempo para que la estrategia de vacunación se equipare a la de los niños”, señala. 

Para contribuir a este objetivo, los autores del estudio sobre carga económica de estas cuatro enfermedades coinciden en indicar que la actual campaña de vacunación frente a la Covid-19 puede ser una oportunidad “que no deberíamos desaprovechar”, en palabras del Dr. Eiros Bouza. Para el Dr. Martínez Alcorta, “la pandemia de COVID-19 ha vuelto a poner de manifiesto el importante papel que desempeñan las vacunas en la protección de individuos y poblaciones. Asimismo, representa un ejemplo claro de las implicaciones que en una población vulnerable puede generar una enfermedad infecciosa, especialmente entre los adultos, donde existe un mayor riesgo de complicaciones y eventos letales derivados de la infección por el SARS-CoV-2”. En definitiva, afirma, “las vacunas ayudan a disminuir la incidencia de enfermedades prevenibles por vacunación, tienen un perfil riesgo / beneficio aceptado y representan un elemento de progreso de la salud pública. El presente contexto debe estimular a gobiernos, autoridades, profesionales y ciudadanos para que adopten decisiones fundamentadas en hechos, generando confianza y fortaleciendo la aceptación de la vacunación, no solo la de la COVID-19”.