El metaverso es la última gran apuesta de Mark Zuckerberg, creador de
Facebook. Se trata de una especie de mundo “paralelo”, virtual, en
el que tendrá cabida todo. Podremos comprar, viajar, relacionarnos…
Tal y como destaca Gabriela Paoli, psicóloga y autora del libro
“Salud digital: claves para un uso saludable de la tecnología”,
este nuevo proyecto puede tener unas graves consecuencias en el plano
psicológico y puede revelarse como una “cárcel emocional” que nos
llevará aún más a la hiperconectividad y a volver nuestras mentes
adictas

El pasado 28 de octubre Mark
Zuckerberg anunció la creación de metatarso, como el nuevo Facebook.
Esto supone el inicio de otra estrategia comercial y también
significará un salto hacia una gran transformación digital. Esto
terminará desdibujar la dualidad en la que aún vivimos. Las fronteras
entre el mundo real, analógico, y el mundo virtual desaparecerá
convirtiéndose en un único espacio en donde vivir. Tal y como destaca
Gabriela Paoli, psicóloga y autora del libro “Salud digital:
claves para un uso saludable de la tecnología”, el nuevo proyecto de
Zuckerberg entraña un peligro oculto: se puede convertir en una
“cárcel emocional”, puesto que supone un gran salto hacia la
hiperconectividad en donde hay graves riesgos para nuestra salud física
y emocional.

¿Qué es el metatarso?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que se trata de un concepto
sacado de la ciencia ficción, por lo que le añade un “plus” de
atractivo. Es un mundo virtual que amplía el mundo físico. Se parece a
los videojuegos ya que utilizan su estética. Esta réplica del mundo
real en el mundo virtual no solo está pensada para jugar sino también
para reproducir muchas de las dinámicas sociales de nuestro día a
día. Podremos hacer reuniones de trabajo, viajar, practicar deporte,
tener relaciones… Podríamos decir que es un nuevo salto dentro de los
entornos digitales “podría plantearse como el salto o transformación
que hicimos al dejar hace casi veinte años cuando salió al mercado la
mítica Blackberry” señala Paoli. De alguna manera es como que
Internet cobrara vida y nos permitiera entrar a la triple dimensión.
Dejaremos de ser meros observadores, de navegar por la web, a movernos
en ella, a sentir una realidad más desde adentro, en definitiva, a
vivir en ella. “Dejaremos de estar pasivos a interactuar con nuestros
dispositivos, lo que hace al mundo virtual aún más potencialmente
adictivo” afirma la experta.

4 consecuencias del metatarso a nivel psicológico y emocional

Hay muchas cosas que desconocemos del futuro virtual, sin embargo, tal y
como señala Gabriela Paoli, lo que es seguro es que tendrá
consecuencias graves para la salud digital y para la estabilidad mental.
Una de esas consecuencias será la adicción: “un mundo virtual que
nos haga sentir que estamos viviendo una realidad paralela es por
definición altamente adictivo”. Probablemente en mayor medida que los
videojuegos. Está por ver las posibilidades que ofrece, pero sí como
adelantaba su creador, éstas serán infinitas, infinita será también
la capacidad de enganchar al usuario. ¿Por qué es adictivo? “una
realidad ideal, que nos haga creer al cerebro que estás viviendo
situaciones reales y satisfactorias, hace que el cerebro segregue
hormonas como dopamina. Por tanto, nuestro cerebro siempre querrá
más” analiza Paoli.

En caso más extremos, podría provocar episodio psicótico que puede
ocurrir cuando se juega excesivamente, con frecuencia combinado con la
falta de sueño, terminando por desdibujar la línea entre lo real y lo
que es fantasía. Actualmente para China el IAD – Trastorno de
Adicción a Internet- representa la crisis de salud número uno. Ya hay
más de 20 millones de jóvenes adictos.

Del mismo modo, será palpable el deterioro de la comunicación y
relaciones sociales. “Los seres humanos necesitamos el contacto
físico, si algo ha demostrado el coronavirus y el aislamiento es que
las consecuencias son terribles para las personas”, por este motivo un
universo virtual nos hará sentirnos más aislados que nunca, que
perdamos nuestra empatía y deteriorará en general nuestras habilidades
socio-emocionales. Sin personas reales a las que abrazar, tocar, mirar a
los ojos, la depresión, la ansiedad y otras enfermedades o trastornos,
aumentarán considerablemente.

Otra de las consecuencias es la pérdida de hábitos saludables. Además
de repercutir en nuestro sueño y alimentación, nos volveremos aún
más sedentarios ya que podremos vivir y realizar todas las actividades
que conforman la vida de una persona desde casa. Al igual que hemos
dicho que para conservar nuestra salud mental necesitamos la
sociabilidad real, también necesitamos el aire libre, la luz del sol,
la naturaleza. Si reducimos todo esto porque realizamos la mayoría de
actividades desde casa con realidad virtual, correremos un gran riesgo.

Asimismo, también se verá afectada la intimidad, seguridad y
privacidad. “Nuestras vidas reales se volverán virtuales, con la
consiguiente adquisición de nuestros datos personales, bancarios,
geolocalización, etc. ya que para su creación abría que incrementar
las cámaras y sensores que existen en el mundo real” analiza Paoli.
Markus Cartel, profesor de cultura digital de la Universidad de Sidney
plantea que las tecnologías del metaverso, como la realidad virtual y
la realidad aumentada son quizás los sensores digitales con más
capacidad de extraer datos que tendremos en nuestros hogares en las
próximas décadas. Y también preocupa quiénes tendrán acceso a esos
datos y qué harán con ellos.

Reflexión individual y a nivel global

En definitiva, no se trata de crear polémica pero a nivel individual,
tendremos que reflexionar y definir cómo queremos que sean nuestras
vidas de aquí a 5 o 10 años. Y sobre todo a nivel global, los
gobiernos tendrán que realizar un análisis profundo de esta nueva
realidad que se acerca y crear leyes que regulen y protejan a los
ciudadanos ofreciéndoles seguridad, privacidad y también salud
digital. La Salud digital se debe tener en cuenta como un área dentro
de la salud pública ya que los dispositivos y la realidad virtual nos
traerán graves consecuencias e impactará directamente en la salud
física y emocional de los ciudadanos. Aparentemente libres, sin
embargo, más esclavizados y controlados que nunca “que la conexión
digital no conlleve la desconexión emocional, este es para mí el gran
desafío” sentencia Gabriela Paoli.